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Con lo del yopin ayudé... ayudo, otra no hay, y también con lo del ñato, a la fuerza, pero ayudé, como la vez que nos vinimos desde pacífica acá, a la capital, y cargué lo poco que traíamos, yo no quería, qué iba a querer, si techo había, el piso era de tierra roja, tierra seca, que te cuarteaba la planta del pie, para qué mentir, pero teníamos de qué vivir, el corral, no era tan feo como creía el papi: los hurones, amigo, me tienen mal, le decía al paraguayo que sabía venir por los huevos, mal no se vendían, son malos, amigo, lo hacen por gusto nomás, decía el paraguayo, y al papi casi le salían lágrimas del odio: hay que ver el hambre de estos bichos, ni las plumas dejan, el paraguayo pagaba religiosamente, qué se le va a hacer, decía, y salía a vender por el pueblo, y al papi se le revolvían las tripas: tantos bichos y ninguno hay que los mate, y, para olvidarse, se encerraba en el baño y, al rato, salía perfumado para la peña; el piri no se olvidaba, qué se iba a olvidar, si todas las noches nos repetía a la delfi y a mí: pobre, papi, yo los mato, y nosotros nos reíamos: qué vas a matar vos, y el piri, de terco: ya van a ver, y vuelta a reírnos, pero dormíamos con miedo por el papi, que ninguno sabía si al otro día volvía chupado, gritando por el ventolín, en pacífica escaseaba, el ventolín, carajo, puteaba el papi, y la mami lloraba: más no hay, viejito, y ahí nomás el papi repartía cinturonazos al rancho entero hasta que caía, sin aire, y todos veíamos si se moría, pero siempre resucitaba y vuelta con el cinturón; más ligaba el piri porque no le daba el gusto de llorar, después la mami le lavaba las heridas: ay, hijito de dios, yo los voy a matar, mamá, deliraba el piri; un día el papi le dejó la carne viva, esa noche el piri ni habló, a la madrugada oímos como un lamento afuera del rancho, salimos y vemos al piri, sangrando entre las gallinas, mamá lo abrazó: qué hiciste, hijito de dios, el piri ya deliraba: yo solo, papi, los maté yo solo, y al papi se le revolvían las tripas: hay que ver la saña de esos bichos; la mami lo lavaba, para qué, si era un desperdicio; el papi ya no iba a la peña, salía a pedir casa por casa y volvía: no hay ni un solo remedio, ni amigos que ayuden en todo pacífica, el papi se daba la cabeza contra la pared hasta que apareció el toto que todos los meses pasaba ropa y tela desde brasil: vénganse conmigo a buenos aires, allá soy dueño de una textil, hay trabajo, en dólares, y hospitales; el papi lo escuchó, vendió el rancho con el corral, hicimos los bolsos y nos metimos, de noche, en un camión, apuren, van todos atrás, no vengan con pretensiones, se reía el toto... una ratonera; éramos veinte, contando al paraguayo, ya no tenía huevos que le daban de comer, qué más iba a hacer en pacífica, apenas entrábamos todos apretados, los grandes sentados, sobre las faldas de las mujeres los chicos, como yo, que iba arriba de la delfi y ni me movía, nadie podía, nada más a la noche en que salíamos a cagar a los yuyos, el toto no dejaba otra cosa; ahí mamá lo lavaba al piri, cada vez más hediondo, más parecido a un animal muerto que al piri, y enseguida nos volvíamos adentro, sin saber qué de afuera, nada más por los olores a tierra roja, los primeros días, a matorral, después; sería siempre así, si no es que una tarde, el calor apretaba, el piri escupió sangre: mamita, más no puedo, y se murió el pobrecito; al rato, el pasaje entero le gritaba al toto: momento, momento, cosa de fuerza mayor, a ver si nos da la peste, a ver si nos castigan los muertos por cargar con uno sin entierro, el toto porfiaba: hay que esperar la noche, el papi: de qué te vamos a servir enfermos; el toto cedió, sacó la traba y nada más dejó salir al papi y al paraguayo, lejos del camino, con unas piedras nomás, con que nadie lo vea..., apuraba el toto, volvió el paraguayo, el papi no, le hablaba en voz bajita al piri muerto, el toto lo arrastró al camión, cerró con traba y seguimos viaje; adentro la mami rezaba el rosario, llorando: santa maría, madre de dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la... ahora y siempre por los siglos de los siglos, amén, repetíamos los demás; de a uno nos fuimos quedando dormidos, la última la mami, yo me desperté al rato, qué iba a dormir con los ronquidos, el olor a pedos y a sudor y a la caca de los bebés, si esa noche el toto no quiso parar, ya perdimos mucho tiempo, decía, y más me volvía loco el olor a hembra de la delfi, que ya era mujer, y a cada rato le decía al oído: dale, delfi, qué te cuesta, y ella se hacía la tonta: y el pulí, y yo más me encabritaba: pulí qué, y ella más se hacía la tonta: es mi novio, y yo, ya medio violento: se quedó en pacífica, y ella, dale que dale: ay, tengo miedo, y yo la apuraba, si en el fondo se moría de ganas: la puntita nomás, qué va a pasar, nada, dormimos mejor; así siempre con la delfi, hembra en celo, hasta la noche que llegamos a la ciudad; el toto paró el camión, el motor seguía encendido, sacó la traba y mandó que bajaran unos cuantos, menos nosotros y el paraguayo, vuelta a poner traba y a seguir viaje, no sé cuánto más, hasta que el toto, ahora sí, apaga el motor y nos hace bajar a la calle: vayan derecho, nosotros íbamos para la casa con una gorda en la puerta, fumando, y dos grandotes: apuren, che, la gorda nos empujaba para adentro: bien al fondo, para la cocina, hay galletas y mate cocido, y nos corría por el pasillo, el toto cerraba con llave; ya salía el sol, desde la ventana de la cocina se veía, tragamos el mate y las galletas, sin vergüenza, si traíamos un hambre de días, el toto no, iba apurado: no se olviden que me deben lo del viaje, y el papi: ya pagué con lo de la venta, y el toto: falta, y el papi: eran doscientos y te di doscientos, y el toto: las tasas, y el papi no entendía: qué tazas, el toto, ya medio cargoseado: las tasas de interés, suben, che, cada día, cada hora, y el papi y el paraguayo, ahora también, se quejaban: de dónde vamos a sacar tanta plata, al toto no le importaba: laburen, che, para qué los traje a la textil, el toto cerró con llave; al papi y al paraguayo los mandaron a la terraza, la gorda iba atrás, gritando por las escaleras: guarda con las máquinas que son caras, si se rompen, se descuenta a fin de mes, eh, la mami y la delfi se quedaron en la cocina, lavando telas, planchando, a mí me dejaron en el sótano, con la gorda atrás siempre gritando: los carreteles están contados, guarda con robarte alguno, los pagás, eh; me quedé solo, casi a oscuras, días, meses, así se me hicieron estos callos, armando carreteles para las máquinas, si dormía con los hilos entre los dedos... hasta que un día vuelve la gorda, fuma: a ver vos, bolita, dejá lo que estás haciendo y vení, yo le digo: señora, yo soy de pacífica, la gorda se ríe: la paz, pacífica, qué diferencia hay, cortados por la misma tijera, la gorda se ríe y se ríe hasta que llegamos a un galpón, en la terraza, lo mismo que a los otros, guarda con romper las máquinas, grita la gorda y se va; me duelen los ojos, hacía tanto que no veía la luz del sol, ahora que te ascendieron, no más saludos, me carga el paraguayo, y el papi: vení, ayudáme con ésta, anda retobada, y yo iba, medio ciego, adonde estaba el papi: tenés que engrasarla, hijo, como hago yo, ves, qué iba a ver, no sé cuántos días pasaron hasta que me acostumbré a la luz del día, santa ventana del galpón, desde ahí veíamos los fondos de las casas, jardines, patios, rancheríos, qué... guarda con perder tiempo, gritaba la gorda, no sé cómo hacía, siempre me agarraba en la ventana, yo, vuelta a lo mío, pero, cuando podía, vuelta a la ventana, a veces pasaban hembras en celo por la calle, yo las silbaba, las piropeaba, las lengüeteaba de lejos, ellas... ni te he visto, y el papi me llamaba a cada rato, vivía puteando, el trabajo, la delfi, parte y parte, la delfi, perra preñada, el pulí... ya va a ver, puteaba el papi; pero yo sabía la causa... le había prometido al piri, a la tumba de piedras del piri, no tomar más, abstinencia... guarda con querer al bebé, amenazaba la gorda, después del parto le buscamos casa, eh, la mami lloraba y le pedía de rodillas por su hijito de dios que está en el cielo, la gorda fumaba nomás, y el toto, entre viaje y viaje, sabía darse una vuelta, hablaba con los grandotes, y el papi, cuando podía, lo encaraba: cuánto falta para la deuda, y el toto también fumaba: falta, acordate los intereses, crecen... guarda con tirar cosas a las cloacas, decía la gorda, acá hay una bolsa, eh, y apenas se daba vuelta, yo tiraba los hilos y demás en la rejilla, abajo de la pileta había, ahí nos lavábamos la grasa, por joderla nomás, la pileta bajo la ventana, a cada rato me lavaba, no de limpio, por ver a las hembras nomás, ahí tiraba lo que traía en los dedos, hilos enganchados con tiras de tela enganchada a las máquinas, buenas no eran como pensaba la gorda, a cada rato se trababan, tela sacada a la fuerza; la de porquerías que habré tirado, meses y meses, nada más por llevarle la contra a la gorda... guarda con decir ni mu, dijo una noche, estábamos todos acostados en el sótano, oyendo los golpes de afuera, y ya la gorda subía las escaleras del sótano, a los gritos: ya va, ya va, y del otro lado de la puerta de calle, la que siempre estaba con llave, ahora también gritos: es la policía, la gorda abre como un toro: qué pasa, una denuncia, señora, tenemos que entrar, apuran los milis, la gorda los torea: qué denuncia, pero ya los milis andaban adentro, arriba, abajo, abajo, arriba, todo vichaban; a nosotros nos sacaron a la calle, con lo puesto, a todos, a la delfi también, con el bebé en la panza, a punto de parir, a la gorda la metieron en el patrullero, siempre gritando: les dije guarda con tirar cosas a las cloacas, negros de mierda, y el paraguayo se reía, me miraba y se reía, unos milis se llevaban las máquinas de coser, las telas, los carreteles, y otros andaban a los machetazos con los grandotes; de ahí fuimos a la comisaría y parió la delfi, una cosa arrugada, hedionda, la llamamos bebe, y de ahí, a un juzgado, y de ahí, vuelta a la comisaría; fue por esa época que vino, de no sé dónde, el rubio de barba, bien vestido, se decía abogado, bonito se llamaba: tienen que volverse, y el papi escupía bronca: allá, en pacífica, no nos queda nada, y la mami daba lástima: ayuda, por el amor de dios, y la delfi con la teta afuera y el bebé colgando: por favor, el de barba la miraba y la miraba: voy a ver, voy a ver... algo vio; no sé cómo ni por qué, al otro día nos dieron documentos y nos largaron a la calle, a caminar... el de barba iba con la delfi del hombro, el bebe a upa, caminando, caminando, fuimos a una pensión del abasto, a una pieza, el de barba pagó, siempre con la delfi del hombro, dejamos al bebe en un catre, el de barba saludó, nosotros dormimos la mona; a la tarde, los otros duermen, la delfi está en el baño, lo veo al paraguayo entrando a la pieza con una gallina y una jaula, es una ponedora, me dice, para qué la gallina, si se puede saber, para qué va a ser, si yo como de los huevos que pone, me dice, vuelta a vender, nomás, le digo, sí... a pacífica, como antes, dice el paraguayo medio tristón, antes, me vas a contestar, lo apuro, en lo de la gorda, de qué te reías, y él, nada: te la debo, y yo, dale que dale, al final, el paraguayo cedió: algo que oí en la comisaría... tuvimos suerte, amigo, de no ser por las cloacas, quién sabe si ahora no estamos chupando hilos, qué pasa con las cloacas, si se puede saber, el paraguayo se ríe: se taparon, entró a salir agua, una inundación, vinieron los bomberos, qué había... hilos sucios, grasa de la textil, ninguno de los vecinos sabía de la fábrica...te la debo, me reí también, y, riéndome, me fui al piso, lindo me reí; el paraguayo se va, la delfi sale del baño, la miro bien: a dónde vas vos pintada como una puta, si se puede saber, la delfi sí que anda cambiada: hablá, vos, nomás... lo que es yo, ahora tengo trabajo digno, y qué, si se puede saber, la encaro, voy cama adentro a lo del señor bonito, me chanta la delfi, que te vaya bien, le deseo, en el fondo no, que se pudra, ella no se va: alguien se tiene que ocupar del bebe, qué, no te lo llevás, pregunto, la señora me quiere a mí sola, sin el bebe, mierda que está cambiada la delfi, y el pulí, qué se hizo, no es suyo, dice, quién dice, la apuro, a la delfi ni le importa: sos el tío, el tío no el padre, protesto, para mí sí, dice y se va, nos dejó nomás; la mami y yo cuidábamos al bebe, lloraba el guacho, toda la noche lloraba, si ya la partera lo vio raro, allá, cuando le cacheteó la cola y el bebe la miró con furia, tiene los ojos color sangre, dijo ella, y más tarde vino el doctor: parece un daño neurológico, hubo casamiento entre miembros de la misma familia, pregunta, no, doctor, cómo se le ocurre, se santiguó la mami, el doctor le mandó unas pruebas y no quiso saber más; en el conventillo, vivimos de las changas que hacía el papi, hasta que una noche se hartó del bebe, se le da por irse de joda, desde lo del piri que no salía, esa noche fue como en pacífica, no dormí bien, qué iba a dormir, los gritos del bebe, y más el miedo al papi chupado, otra vez, a ver si se le daba por el cinto; ese día no volvió, ni al otro, ni al otro, la mami fue a hacer la denuncia, la policía ya algo sabía: una vieja lo encontró muerto, en la chacarita, donde los nichos, a qué había ido, nunca supe, pero no hubo gastos de velatorio ni de entierro, el doctor dio el causal, cirrosis, le perforó el hígado, lo tiraron a una fosa com...un perro después de una vida perra; entonces le dije a la mami: ahora yo soy el macho y me fui de changarín, ella cuidaba al bebe, que crecía y cada vez se venía más raro, se pasaba las horas mirando el techo, yo mucho no me le acercaba, mordía el guacho; un día vino de visita la delfi con el de barba: hijo, tenés que estudiar, acá tenés unos pesos, podés ir a la nocturna, y yo le respondo: momento, momento, que ya no soy hijo de hombre vivo, y de estudiar, ni loco, y la delfi, conciliadora, se ve que había pactado con el bonito: terminá la primaria, aunque sea, por el bebe, y yo cedí: por el bebe, se fueron bonito y delfi, me dejaron tranquilo, contento nomás que por no aguantarlo al bebe de noche... qué me la iba a perder; en la nocturna hice amigos enseguida, para eso soy dado y, a la salida, nos íbamos a tomar cerveza a lo del ñato, alguno tiene 18, o más de 18, encaraba, nosotros nada, para quilmes hay, decía yo, mostrando el billete, y el ñato nos vendía, al final, pobre, después con lo del turco... al turco ya lo conocía del barrio, una tarde me lo encuentro en el burguer, tengo trabajo, me suelta, para que te hagas unos extras, yo agarré viaje, qué iba a hacer, si con lo del súper apenas llegábamos al quince; lo del turco eran los negocios, después que caía el sol íbamos, la mejor hora porque todos cierran, no hay un alma en la calle, el turco apuntaba, yo vaciaba la caja y salíamos corriendo para la avenida, ahí uno se pierde fácil entre la gente, cada vez es más, ni medias para la cabeza hacía falta, lo fácil que era, si nunca nos agarraron; en la pieza, el bebe crecía y crecía, más leche... más grande y más gordo se venía, y más fuerte y más mordedor; una vez la delfi lo llevó a la doctora, machacaba y machacaba: arma frases de dos palabras, al menos dice palabritas, la delfi no sabía, qué iba a saber si no lo veía casi, arma frases de dos palabras, al menos dice palabritas, repite la delfi, con el bebe de vuelta, la mami duda: no sé, babea, no es lo mismo, y yo le digo la mía: no dice nada, está fallado, y la delfi, con el bonito en la cabeza, ahí, subido: calláte, malparido, yo no me quedo atrás: malparienta ella, que no sabe parir, ella que es mala hermana, la mami llora: son hermanos ustedes o no son hermanos, y yo le recito los versos del papi, de cuando andaba sobrio: los hermanos sean unidos... la mami se hace la señal de la cruz: que en paz descanses, viejito, vuelta a la paz, no a pacífica; la delfi entonces pide alguien que lo lleve al bebe a hacerle pruebitas, por los ojos esos de diablo que tiene, yo silbo para otro lado, a mí de niñero no, y me voy; una vez el turco llega al burguer como loco, con la mano en el bolsillo, tengo algo, dice, vamos al baño; de ahí también yo salí como loco, si me ponen el mundo enfrente, me lo llevo por delante, gritaba, el turco hablaba y hablaba, ni se le entendía, si ya casi parecía el bebe, yo lo seguí, no era yo, era otro, fuimos hasta un quiosco, acá es, señala, acá al ñato no, le quiero decir, pero ahora también yo parezco el bebe y no me puedo controlar y me gusta, el turco esta vez no trae chumbo, entra al quiosco, yo me quedo en la puerta, campaneando, miro a derecha, a izquierda, la calle está limpia como concha de puta, turquito, entrá, boludo, me apura el turco, para qué... vi lo que no tenía que ver .. ahí anda el ñato, cara de muerto, me reconoció, estoy seguro, y atrás el turco, con el brazo le aprieta el cuello, lo amenaza con un tramontina, dale, boludo, la caja, y yo me apuro, más por el turco, por miedo, si anda hecho un papi, y ya el ñato pedía por sus hijos, por sus nietos, por toda una vida de trabajo, de qué le sirvió, había que ver el embale del turco...lo degolló ahí mismo, como una gallina la sangre, y salimos corriendo; igual me queda buen recuerdo, el lazari... yo y el turco, el burro adelante... la vez que entramos a una librería, no donde hay lápices, cuadernos, las otras, de ahí me traje este libro, lo leo todas las noches, apenas se termina, vuelta a empezar, ya son más hojas que libro, tanto sobarlo, hace rato que perdí el orden, ya no sé cuál es principio y cuál final; hay que ver el destino... la vez de lo del ñato no nos agarraron, pero a la semana el turco apareció muerto, en el abasto, entonces estaba abandonado, con un balazo en la frente, un ajuste de cuentas, dijeron en el barrio, lo que fuera, a mí me era igual, si me quedé sin extras; dejé la nocturna, vuelta de changarín, a un supermercado chino, medio turno nomás, culpa de los bolitas... todas las semanas, sin excepción, venía un contingente de la paz, se arreglan con poco, hay que ver el hambre que traen, a los chinos les conviene, cuanto menos paguen... y encima la delfi no venía a traer la plata para la pieza, hacía rato; una tarde fui a la casa del bonito, libertador al tres mil, a pedir unos pesos o, mejor, trabajo de veras, me abre una morocha, en delantal, por mí me la culiaba, ahí mismo, delfina ya no trabaja más, dice, hace meses ya, la señora la echó, soy el hermano, la ando buscando, le digo, la morocha, ni idea, yo la apuro más: el señor de la casa, bonito era, no, la morocha habla rápido: el señor se fue detrás de tu hermana, acá vive la señora nada más, y yo, macho en celo: qué hace después... me cerró la puerta en la cara la morocha, no me dio más tiempo; vuelta al abasto, a la piecita, con la mami y el bebe, vinieron del súper, que vayas urgente, me dice la mami, serán malas, pregunto, la mami no sabe, me voy corriendo al súper, me agarra el chino en la puerta: tomá... plata... hoy... no trabajar más, que se vaya a cagar, chino de mierda, cuento los billetes, que no me dé de menos, hay que ver lo rápidos que van estos chinos, me voy, pero antes lo veo salir al nuevo changarín, un hijo de puta de la paz; vuelta a la pieza con la mami y el bebe; vino la dueña de la pensión, quiere los meses que le debemos, llora la mami, que se quede queriendo, le digo yo, plata no hay; ese fin de semana nos echaron a la calle, la mami lloraba, el bebe a upa, también llorando, pidiendo al cielo: a dónde vamos a ir ahora, dios no le contestaba, tardó el guacho, ya llegábamos al mercado y pasa una señora, bien vestida, le da a la mami uno de dos, mami, le digo, si damos lástima, capaz que hasta pasamos la noche en el ye... ratón o hurón, no sé qué me saliste de la panza, se ríe ella, de veras, mami, me río yo, ahora, si no quiere lujos, está el mercado; caminamos, hasta los escalones nomás, crucé al burguer por un diario, de vuelta al mercado, el bebe ya se durmió; la mami llena el piso con papeles del diario, el bolso, de almohada, la mami también se duerme, yo no, a cada rato pasa una rata; al otro día, la mami salió a pedir con el bebe: una monedita doña, así siempre, yo me ofrecía en los almacenes, en los otros chinos, los quioscos no, por el ñato, por miedo, a la noche, vuelta al mercado, ni dormía, había que ver los bichos; un día voy por corrientes y me cruzo con uno de la nocturna, el santino: qué hacés tanto tiempo, acá me ando, le digo, el otro se ríe, es rápido: no, en serio, quiere saber, busco algo, una changa, lo que sea, le lloro, y el otro no se da por enterado: la nocturna, no vas más, qué voy a ir, si no tengo dónde caerme muerto, y le cuento, y el otro larga prenda: mi viejo es camionero, anda buscando ayudan... te animás, lo que sea, le lloro; esa noche lo fui a ver al santino padre de parte del hijo, es una changa, no más de dos días, me dice, lo que sea, le lloro, sabés algo de animales, vos, quiere saber, duda más bien, también, con esta cara de boludo que dios me dio, o el diablo, vaya a saber, claro, le digo, si allá en pacífica teníamos corral, lavaba los pollos, las gallinas, les limpiaba las cagadas..., no, no, negrito, acá es el transporte nomás, te animás, me desafía, claro, lo que sea, le lloro, no llorés más, negrito, te espero el lunes, a las cuatro, y qué llevamos, se puede saber, ya vas a ver, se ríe, a las cuatro, no te me duermas, negrito, qué me cree, era viernes; pasa sábado, domingo, la mami y el bebe se cagan de frío, es invierno ya, llega el lunes, voy, el santino me mira de arriba abajo, como a un extraño, se acuerda de mí, le digo, el negrito, me dice o se lo dice a él, no sé, subí al camión, no, atrás no, vas de copiloto, qué lujo, ya entró en confianza; todavía no amanece, vamos rivadavia arriba, desaparecen los edificios, cebás como la gente, vos, pregunta el santino, otra vez anda desconfiado, igual me da el termo y el mate, amargo nomás, pregunto, amargo, negrito, me dice, mate va, mate viene, cruzamos la general paz, seguimos hasta la ruta, ya salió el sol, pero el frío cala los huesos, si no es por el mate, y de ahí, el campo, más adentro la bombilla, se queja el santino, rancheríos, más campo, dónde estamos, pregunto, el santino conoce bien, siempre viaja para esos lados: entre ríos, hace rato que dejamos atrás la capital, dónde está el agua, digo yo, nada más campo y a veces un rancho muerto, hasta que se acaba la ruta, el santino mira el camino: la nada misma, negrito, la nada misma, no hay más agua en el termo, digo, al santino no le importa: ya llegamos, pasamos un rancho, más allá hay un galpón, el camión para, tocamos bocina, sale uno de paisano, nos abre, entra el camión, bajamos, el santino enciende un cigarrillo, el otro, la luz...hay que ver el bicherío, dónde me metí, quiero saber, el santino fuma, se ríe y fuma: qué, tenés miedo, miedo, miedo no, digo, pasa que allá en pacífica... había que ver el hambre de estos bichos, no te preocupés, están bien guardaditos, se ríe y fuma el santino, seguro, vea don que las jaulas se abren, una vez allá en pacífica... cortála con pacífica, vamos a laburar; le metimos, le metimos, hasta la noche, todavía quedaban unos cuantos en el galpón, el santino andaba cansado: a dormir, mañana será otro día, acá, con los bichos, pregunto, el santino fuma: el último, te juro, dice y se ríe, andá afuera, si querés, quién te prohíbe, me tiré entre los yuyos, con el lazarillo en el pecho, redondeaba la luna... un frío de locos, no me morí de casualidad, a la media hora vuelta al galpón, con el bicherío, debe ser de ahí que les perdí el miedo; al otro día metimos el resto de las jaulas en el camión y dimos la vuelta para la capital, yo cebo, el santino maneja: sabés guardar secretos, vos, negrito, como una tumba, le digo, y el santino, misterioso: estos bichos, como decís vos, van a parar al mercado, al abasto, pregunto, santino se ríe: cuál otro, por, pregunto, allá hay epidemia de ratas, con veneno, no hacés nada, qué les vas a tirar, gamexane, sabés cómo corren... te das vuelta y te pueblan el barrio, ni te digo la de pestes, no, no sirve, estas plagas hay que destruirlas de una vez y para siempre, por eso la empresa me encargó estos bichos, como decís vos: van de exterminadores, me dice, exterminadores, pregunto, que nunca oí tal, ex-ter-mi-na-do-res, sí, matan otros bichos, se los comen, por hambre o por gusto, andá a saber... hay que ver el hambre de estos bichos, digo, pero las ratas son jodidas, no cebés más, tengo la panza llena, dice el santino; al mediodía llegamos a la capi y fuimos derecho al mercado, el santino metió el camión de culata: hay que esperar que oscurezca, ahí va a venir lo peor, fuimos bajando las jaulas de a una y las pusimos una al lado de la otra, como a fusilados, ahora viene lo peor, machaca el santino, hay que soltarlas, entonces... no era el viaje nomás, apuro yo, medio encabritado, la empresa paga, no te preocupés, me dice, mal no me viene, pero haberlo dicho antes; a mí me tocó atar las sogas a las puertas de las jaulas, el santino se reía: guarda que no te muerdan los bichos, machacaba , una soga para cada jaula, fuerte, ahora atá las sogas al camión, apuráte, ya el santino abría los candados, guarda, que no te muerdan, me reía yo, calláte, negrito, apenitas terminó de abrir el último candado, vino a los saltos, como si lo corriera el diablo, y se metió en el camión: metele, que te comen crudo, le metí, qué otra cosa, ya estábamos adentro, el santino puso en marcha el motor: oí cómo rechinan, oís cómo chillan, están muertos de hambre, hace rato que no comen, y yo ahora sí oía al bicherío, el santino vichaba por el espejo retrovisor, yo... ni quería ver, ya salen, dijo el santino y apretó el acelerador con todo, apenas afuera, se bajó y corrió a cerrar la reja, no se escapan, no, quise saber, no, están ocupados, ahora vení y ayudáme con las jaulas antes que se haga de día, después terminamos, me pagó lo mío y nos despedimos; cuánto pasó, no me acuerdo, un mes o dos, hasta que nos vimos de nuevo, y eso que yo a cada rato me daba una vuelta, a ver si había alguna changa, nunca lo encontraba, con la mami y el bebe nos fuimos del abasto, a veces dormíamos en la puerta del burguer, a veces en la entrada de algún edificio, hasta que nos echaban; a la mami, lo que es dar lástima, le dieron casa y comida, a cambio, limpiaba la parroquia, al bebe lo mandaron a otro lado, a un lugar donde van los mal paridos como él, yo vendía estampitas en el 26, tenía todas las vírgenes, todos los santos, hasta la desatanudos y san expedito, que entonces escaseaba, y, si no, revolvía tachos de basura o iba, dale que dale, a lo del santino, un día, tanto machacar, lo encontré, viene mal la cosa, me dijo, tomaba mate en la cocina, si no hay trabajo, vuelvo otro día, me atajo, no es eso, negrito, dijo el santino y pensaba y pensaba, qué es, le pregunto, el santino se hace el misterioso, otro secreto, pregunto, el santino piensa y piensa, por fin se larga: son los bichos, negrito, se entienden, se entienden, pregunto, era yo el que no entendía, el santino me mira, sos boludo: se entienden, se cruzaron, se entienden o se cruzaron, pregunto, se cruzaron, dice el santino, que es lo mismo, y yo me río: ya lo decía yo, las ratas son jodidas, dan pelea, no, negro, grita el santino, no se pelearon, se cojieron, y ahora son el triple o el cuádruple, qué sé yo... si las vieras, las crías salieron todas con los ojos rojos, mordedoras como diablos... ya las vas a ver, veníte el viernes, pago bien, de qué va la cosa, quiero saber, el viernes te cuento, ahora tengo que hacer, dice el santino y me lleva a la puerta; mucho no me gustaba... otra vez esos bichos, qué me iba a gustar, y menos los hijos de esos bichos, menos que menos los nietos; a la tarde, la voy a ver a la mami a la parroquia: cómo andan las cosas, gracias a dios viniste, llora apenas me ve, qué pasa, mami, por qué trae esa cara de muerto, le pregunto, vamos a la capilla, la sigo, ahí cambia, habla en voz bajita, es el bebe, llora la mami, qué, pregunto, él es el muerto, no, qué va a estar muerto, me dice la mami, ahora lo traen, ya no lo quieren en el hogar, por, pregunto, se escapa, a cada rato, se esconde, a cada rato, es un problema, ya lo decía yo, mami, salió fallado, digo, es cosa seria, dice la mami más seria que la delfi seria, y no será que la mami de tan seria ya se está viniendo como la hija, vaya a saber dónde lo metemos ahora, le digo, la mami se apura: acá no se puede, necesita un lugar para él solito, donde lo cuiden, donde lo aguanten, le digo, yo decía, hijito, si no te lo llevabas, unos días nomás, hasta que le den nuevo hogar, yo nada: ni loco, pero la mami cargosea, llama al cristo de la cruz...ni modo: unos días, nomás, eh, y me lo llevo, el bebe anda con esos ojos de diablo y babea como loco, voy por las calles, cargándolo, el bebe me duerme en el hombro, inocente casi, como un recién nacido casi, pesa el guacho, a ver si saco algo de todo esto: una monedita... los que andan por corrientes me ignoran, acá estoy visto, voy para santa fe, allá hay más plata y más viejas con lástima, igual hay que andar mucho hasta que una de estas, putas de vidrieras, me las culeo ahí nomás si me dejan, me tira dos monedas de un peso: tomá, para la leche, yo aprovecho, le sobo los dedos, leche hay, me apuro, guardo las monedas, antes que se arrepienta, la muy, que ya lo busca al bebe y le hace cuchicú, franela, franela en la cabeza al bebe, la inocente, qué lindo, dice, si no lo vio, y, de golpe el bebe se sacude, abre los ojos y se despierta, no sé qué hace primero, la putita ahora lo ve de verdad, pega un grito, acá viene lo peor... el bebe se pone más animal con los gritos, le muestra los dientes esos, con vaya a saber qué intenciones, bebe, bebe, tranquilo, tranquilo, lo quiero calmar, ya me veo venir el quilombo, igual la putita ya está llamando a otras viejas putitas, que parieron putitas como ellas que parieron nietas putitas, y yo corro con el bebe a upa, qué otra cosa, por qué morderá este hijo de puta, me pregunto, será por hambre o por gusto, como dice el santino, corro y corro por un refugio, y me viene a la mente el mercado y el santino, del primero me olvido, mejor la cara de culo del santino cuando me vea; te dije el viernes, me reclama el santino, me cierra la puerta, casi, en la cara, ya sé que tenes ganas de mandarme a la mierda, le digo, te dije o no te dije, pregunta, sí... no tengo dónde ir, le lloro a ver si le doy lástima, pero el santino ya lo descubrió al bebe y se le despertó la curiosidad, abre un poco más la puerta y pregunta: y ése... es tuyo, sí, le digo, no le doy toda la historia, qué va a entender, qué fue de la madre, pregunta, murió, la pobrecita, le digo llorando más porque ya veo que el hombre está cediendo, el santino se rasca la cabeza, enciende un cigarrillo, fuma y fuma: está bien, pasen, lugar no tengo, pero pueden dormir en el garaje, en el camión mejor, hasta el viernes nomás, terminamos el trabajo y se van, eh, cruzamos un patio, acá está el garaje, el santino abrió la puerta del camión, hasta el viernes nomás, eh, machaca y se va; a las tres de la mañana, ya era viernes, el bebe me despertó a las mordidas, en la cara, en los brazos, hay hambre guacho, le digo, ahora te traigo algo, bajo del camión, voy al patio: santino... santino... llamo en voz bajita, acá, en la cocina, grita el santino, qué querés, algo para el bebe, le digo, ahí, en la lata, hay bizcochos, más no pidas, me dice el santino, agarro de la lata y le llevo al bebe... hay que ver el hambre, yo me leo una hoja del lazarillo, al rato viene el santino: andá haciendo lugar, ya traen las bolsas, me manda, yo lo bajo al bebe al piso, que gatee un poco, falta le hace, él rasca las paredes, con los dientes, vuelve el santino: llegaron de la empresa, hay que hacer rápido, abre el portón, afuera hay otro camión, unos grandotes, traen letras en la camisa, sacan las bolsas, yo las recibo y las llevo al camión, al nuestro; cemento, pregunto, el santino, después te explico, me dice; a las cinco terminamos, el santino me da unas cubetas, son para el agua, dice, se sube al camión, yo iba al lado, de copiloto, con el bebe en la falda, solo no lo dejo, y salimos para el mercado, hoy no cebo mate, el bebe estorba, además no hace falta, el viaje es corto, en diez minutos estamos, dice el santino, ahora, apenas lleguemos, apuráte con las bolsas, el preparado lleva tiempo; llegamos, el santino tenía razón, lleva tiempo preparar el cemento, ya me duelen los brazos de tanto revolver, el bebe gatea por ahí, del techo ya se cuela la luz del día, el santino me apura, nadie nos tiene que ver, ni las viejas, menos ellas, que salen temprano con la bolsa a comprar, y los bichos dónde andan, antes, con asomarte, ya te corrían por la cabeza, pregunto, andan bajo tierra, escondidos, por ahora, mejor que se queden ahí, hasta que terminemos, me dice el santino, quién los llevó al sótano, pregunto, ayer, los fumigadores, cómo le hicieron, quiero saber, a los golpes, qué otra cosa, el que no caía muerto rajaba para el sótano, descuidá, ya van a salir, estos bichos no aguantan el encierro, menos las crías, que vienen cada vez más fieras, me explica el santino, se ve que las conoce; el santino anda muy concentrado, recién cuando está lista la mezcla me animo, le pregunto: y el cemento, para qué es, para taparle las salidas, qué te imaginabas, se ríe el santino, que se lo íbamos a dar de comer, metele antes que se seque, y nos pusimos a tapar de a uno los huecos; al rato, yo quería saber más: y no hay salidas abajo, el santino se ríe: por dónde van a salir, no sé, le digo, por las cloacas, se me ocurre, el santino está muy seguro: no pueden, eso ya está sellado, quién lo selló, pregunto, la empresa, cuándo, pregunto, la semana pasada, qué importa, metele, y seguimos déle tapar agujeros, y ya estaría yo ahora contándole esto a alguno, cagado de risa, con la plata de la changa en el bolsillo, o, mejor, ya hecho cerveza, si no es por culpa del bebe, buscaba qué morder en un rincón, el muy guacho, y no va y se cae en uno de los agujeros, y yo corrí a sacarlo, pero ya estaba muy profundo, dejalo, me dice el santino, ya lo deben haber hecho puré, o papilla, se ríe, pero yo, porfiado, no sé por qué, mal no me venía sacármelo de encima, el bebe, que es como cargar la cruz hasta lo alto del monte, me meto en el agujero, el santino me grita: salí, ahora mismo, salí, antes que las viejas salgan a la calle, momento, momento, grito yo, desde abajo, en la oscuridad, lo busco al bebe, algo me muerde, es este guacho, digo, ya lo tengo, le grito al santino, es tarde... una lluvia de cemento me salpica la cara; hace rato que vivo acá con el bebe, oyendo cómo construyen arriba, primero, la marcha de inauguración del yopin, después, el presidente, por altavoz, revolución productiva, país pujante, pueblo, pueblo, y ahora, todo el tiempo, griterío de chicos y pasos, muchos pasos; nosotros, acá, vivimos entre el bicherío, están acostumbrados, no sé cuánto vamos a durar... un día nos la van a dar, yo sé, por ahora les basta salir al yopin por un agujero que alcancé a hacer antes que el cemento del santino, el traidor, se ponga duro, es muy chico, nada más ellos pasan y la luz, todo el tiempo, todas las noches, al yopin… del yopin, traen de todo, más que nada cosas chicas o pedazos, manitos, deditos, algún pie... hay qué ver el hambre de estos bichos, ni los huesos, ni la piel les dejan, el bebe toma su parte, si ya es parte de ellos, como hijastro o huérfano adoptivo, yo mastico hurones viejos, de carne dura, agria, ya me acostumbré, chupo sangre tibia, qué otra cosa, después la digestión, lenta, duermo, cago, meo, macho en celo, no dejo de leer. | |
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