Para
Jorge Luis Borges, este remoto, descarado y torpe calco, homenaje a su
Historia universal de la infamia.
Mayo de 1977
DISCULPA DEL HÉROE
El autor
tiene escasa imaginación y no pudo, como era su deseo, hacer que las páginas
que siguen fueran escritas por Thomas de Quincey o Marcel Schwob o Herman
Hesse. Pero debía optar entre la inevitable vergüenza de que lo narrado
resultara inferior a las intenciones, y la molesta sensación de tener
que dormir, comer o amar, acompañado de los fantasmas que al lector se
proponen.
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