LA BANDA DEL CIEMPIÉS se publicó como folletín en el suplemento Verano/12 (del diario Página/12) entre el 3/1/89 y el 8/2/89.

4. Una mujer misteriosa

Después de transcurridos unos cuantos de esos minutos que parecían eternos, Angus McCoy, ayudante de Carmody Trailler, quedó por fin solo con una mujer antes que él en el uso del teléfono público; era una mujer a quien hubiera sido exagerado catalogar de madura, aunque había algo en su aspecto que hacía pensar en la madurez; no era nada fea ni tenía ese distintivo de vulgaridad que cabía esperar en las mujeres de ese barrio, aunque sí vestía ropas humildes. Angus calculó que podía tener unos treinta años. Su figura era esbelta, y llevaba los carnosos labios cuidadosamente pintados de un color rojo muy vivo, lo mismo que las largas y cuidadas uñas, y el cabello era de un rubio que hacía pensar en una coloración artificial.

Mientras hablaba, la mujer miraba de tanto en tanto al detective, de reojo, pero no había ninguna expresión particular en su mirada. Su conversación se limitaba a monosílabos, y era imposible deducir con quién hablaba ni de qué hablaba. Así pasaron algunos preciosos minutos más, hasta que finalmente la mujer colgó el tubo y se retiró de su lugar junto al teléfono. Angus ocupó ese lugar prestamente y pudo informar a su jefe de la exacta situación de la casa que interesaba; esto fue hecho con las mayores precauciones, pues la mujer que acababa de hablar y que había dejado el intenso aroma de su perfume en el tubo del teléfono seguía cerca de allí, como esperando a utilizarlo nuevamente; Angus pensó que tal vez le hubiera cedido el turno por haber advertido su extrema urgencia; probablemente ella tuviera que hacer otras llamadas, pero de todos modos Angus tuvo el cuidado de hablar con el volumen de voz más bajo posible y evitar cualquier referencia que pudiera delatarlo. Carmody respondió que partía hacia allí de inmediato, y que lo esperara sin iniciar ninguna arriesgada acción por su cuenta.

El remedo de ciempiés que se había formado a pocas cuadras del domicilio del jefe Andrews y luego se había disuelto sin que fuera capturado en esa oportunidad ninguno de sus integrantes, volvió a formarse poco después en la misma calle Central, a unas diez cuadras del lugar anterior, causando destrozos, pánico y heridas en cantidad. Esta vez no se aprovechó una gran concentración de gente, como en el caso de la salida del cinematógrafo, pero la calle era de por sí muy frecuentada y si se quiere el efecto terrorífico fue ahora mayor.

Varios cuerpos de inocentes paseantes quedaron tirados en la calle, algunos heridos, otros muertos, sin que los malhechores hubieran hecho distingo entre hombres, mujeres, niños o ancianos. Muchos vehículos quedaron abollados y con los vidrios rotos, e incluso uno de ellos fue pasto de las llamas. Desde las ventanas de los edificios que bordeaban la calle podía escucharse como un fragor, en el que era imposible distinguir matices y en el que se mezclaban los ruidos de matraca y pandereta con los ruidos de los golpes, los ayes de dolor y los alaridos de pánico. Alguien abrió de par en par la ventana de un primer piso y se asomó para poder apreciar con mayor claridad de qué se trataba esa confusa algarabía que llegaba desde la calle; de inmediato, desde la calle, fueron arrojadas varias granadas de mano al interior de la habitación, y en un instante éstas estallaron despedazando al infortunado ciudadano que se había asomado y destruyendo gran parte del mobiliario y causando gran daño en las paredes, el techo y los muebles.

Mientras tanto, se cumplía con matemática eficacia la redada policial al Barrio Chino y a los lugares que se sabían frecuentados por chinos, tal como fuera ordenado por el jefe Smithe Andrews después de rebotar varias veces en la red metálica que le salvó la vida. En la redada fueron apresados miles de chinos, y entre ellos el embajador de China ante las Naciones Unidas. Esta acción, que pasó desapercibida a ojos de casi todos salvo a los de un testigo esencial, desencadenaría más tarde una secuela de trágicos sucesos que habría de conmover profundamente a la gran nación del Norte.

(Próximo episodio: "Aparece Jonathan Morris".)

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