LA BANDA DEL CIEMPIÉS se publicó como folletín en el suplemento Verano/12 (del diario Página/12) entre el 3/1/89 y el 8/2/89.

5. Aparece Jonathan Morris

Cuando, durante la redada ordenada por el jefe Andrews, el embajador de China ante las Naciones Unidas intentó hacer valer su calidad de diplomático, fue acallado a golpes de cachiporra. Más tarde fue sometido a un intenso interrogatorio, y su desconocimiento de cualquier hecho relativo a la Banda del Ciempiés lo hizo más y más sospechoso ante los defensores de la ley, quienes acudieron al apremio físico. Le cortaron las manos y los pies, lo pincharon con agujas y lo tajearon con navajas. Cuando murió, fue licuado en una máquina especial y el líquido resultante se hizo desaparecer por medio de unas cañerías instaladas con ese fin, conectadas a la red cloacal de la ciudad. Días más tarde apareció en la prensa un pequeño suelto que mencionaba la misteriosa desaparición del embajador chino ante las Naciones Unidas, y se recogían varias versiones, todas ellas inexactas.

Sin embargo, en la noche de la redada, la detención del embajador había sido advertida por un curioso personaje que observaba desde una mesa distante todos los acontecimientos; si bien era chino y había reconocido al embajador, el curioso personaje no fue molestado en la redada porque había tenido la precaución de operar sus párpados de aspecto oriental y de maquillarse convenientemente para disimular el color de su piel. Este personaje era un monje budista, venido a Occidente con la misión de divulgar las doctrinas budistas, especialmente en sus aspectos Zen. Esta misión debía realizarla entre pocos elegidos que tomaría como discípulos; mientras tanto, el personaje había adoptado un nombre occidental -Jonathan Morris-, y perfeccionado su pronunciación del inglés hasta borrar todo rastro de acento, y se había ubicado en una profesión liberal adecuada a sus fines, la de periodista free-lance. En realidad, en lo sustancial era sostenido económicamente por la central budista y por los servicios secretos de inteligencia chinos.

Jonathan Morris supo, pues, cómo había desaparecido el embajador de su país, y algunos de sus contactos le permitieron conocer los detalles que no habían trascendido a la prensa y se ignoraban incluso en las altas esferas gubernamentales. No vaciló en comunicar lo que sabía a las autoridades de su país, por intermedio de sus contactos especiales.

Paralelamente a la redada de chinos, aquella misma noche se realizaba la frenética búsqueda de los maleantes que habían manteado al jefe Andrews y lo habían arrojado por la ventana; esa búsqueda no dio el menor resultado, pese al impresionante despliegue de las fuerzas del orden, las que no dejaron sin explorar un centímetro cuadrado del edificio. Era muy posible que los maleantes se hubieran camuflado entre los otros habitantes, o bien que la construcción contara con entradas y salidas secretas que no figuran en los planos presentados a la Intendencia para su aprobación. Sin embargo, los habitantes del edificio fueron examinados cuidadosamente uno por uno sin que se encontrara en ellos nada de sospechoso, a pesar de que, en la confusión del momento, se hubieran producido una serie de incidentes, entre ellos el despedazamiento de los propios hijos del jefe Andrews, a quienes creyeron enanos disfrazados. La esposa de Andrews, que salió en defensa de los niños, fue violada por varios agentes y luego muerta a palos.

Pero el jefe Andrews no llegó, al menos en esos momentos, a enterarse de la triste noticia; más adelante las autoridades hospitalarias dieron a conocer un comunicado en el que se decía que Andrews había fallecido sin recobrar el conocimiento, a causa de los traumatismos varios, especialmente de columna y cerebro, que había sufrido por causa del maltrato de los delincuentes. Durante el velatorio, que se hizo juntamente con el de su mujer y sus hijos y en el que hubo una nutrida concurrencia, un observador avezado-que no los había- tal vez hubiese reparado en una figura misteriosa que deslizó un páquetito en el interior del ataúd.

(Próximo episodio: "¿ Qué sucede con la pequeña vendedora de violetas?".)

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