LA BANDA DEL CIEMPIÉS se publicó como folletín en el suplemento Verano/12 (del diario Página/12) entre el 3/1/89 y el 8/2/89.

12. El rescate de la pequeña vendedora de violetas

La pequeña vendedora de violetas miraba al elegante enmascarado con el terror pintado en sus grandes y hermosos ojos negros; el hombre hablaba y hablaba mientras se aproximaba al desnudo cuerpecillo, cuyas partes púdicas ella intentaba proteger con los brazos. El cruel sujeto profería horrendas amenazas, pintando para ella un siniestro futuro.

- ¿Sabes lo que haremos contigo, pequeña miserable? -decía el hombre-. En primer lugar, serás juguete de todos los hombres de nuestra inmensa organización. Agotada esta etapa, nuestros cirujanos te fabricarán una nueva virginidad, con sus agujas e hilos de coser, de modo que podamos vender tus primicias a una serie de viejos, clientes de nuestros prostíbulos; cada vez que seas desflorada, serás vuelta a coser y vuelta a vender. Eso durará bastante tiempo, mientras tus tejidos resistan costuras. A esa altura de los acontecimientos, seguramente estarás embarazada; dejaremos que el feto alcance el desarrollo necesario para venderlo a unos científicos mexicanos que fabrican ciertas medicinas con sustancias extraídas de embriones humanos; te haremos abortar en el momento exacto. Durante algunos años serás nuestra productora de embriones. Más adelante...- el hombre se interrumpió al observar por el rabillo del ojo un movimiento a su costado derecho, casi a sus espaldas-. ¿Has vuelto, estúpido? - exclamó, dirigiéndose al oso que, al parecer, había reingresado en la habitación. Se dio vuelta para soltarle otro par de puntapiés, pero he aquí que el oso no respondió mansamente sino que gruñó con ferocidad, desnudando toda una hilera de grandes y afilados dientes, y propinó al hombre un par de zarpazos que lo arrojaron al suelo. De inmediato, ambos se trabaron, en desigual lucha.

Una figura ataviada con una especie de túnica y con el rostro cubierto por un velo se acercó a la niña, la tomó de un brazo y le susurró al oído unas maravillosas palabras: "No temas. He venido a salvarte". Ayudó a la niña a levantarse y, aprovechando la distracción del enmascarado, que ya estaba siendo dominado por el oso, corrieron en puntillas hasta la puerta y salieron de la pieza, a un corredor penumbroso; al cabo de unos momentos oyeron los desgarradores alaridos del enmascarado, a quien sin duda estaba violando el oso malo, que el hombre había confundido con su compañero.

- Fui yo quien dejó en libertad a los dos osos - dijo la figura misteriosa, y esta vez la niña percibió claramente que se trataba de una voz de mujer-; ambos son mis amigos. Yo soy bailarina, y hago un número con el oso que te desgarró las ropas. Este otro es feroz, y sólo yo puedo controlarlo, al menos hasta cierto punto - mientras hablaba, llevaba a la niña por una complicada red de habitaciones y pasillos desiertos, patios descubiertos y escaleras que subían y bajaban-. La banda huyó del lugar en previsión de unas inspecciones que están realizando los ayudantes de Carmody Trailler, aunque hace tiempo que habían decidido abandonar este refugio. Espero que no haya quedado ninguno de ellos, pues trabajo para la Banda y si se sabe que te he liberado...

En ese preciso instante, Angus McCoy y John Adams llamaban enérgicamente a la puerta de la casa a la que Angus había visto que entraban a la niña; y ante la falta de respuesta, se disponían a derribar la puerta cuando ésta se abrió.

- ¡Mark!- exclamó Angus-. ¿Qué haces aquí?

- Está todo vacío, Angus -respondió Mark Sorrentino, uno de los agentes de Trailler que había estado explorando la manzana y había logrado entrar por otro edificio-. Sólo hallé a un hombre agonizante en una pieza, pero no he podido registrar todo; es muy complicado; toda la manzana es un laberinto.

Mientras tanto, en una especie de camarín, la mujer del velo se aprestaba a huir con la niña de ese edificio, pues lo sabía repleto de bombas de tiempo próximas a estallar.

(Próximo episodio: "Las bandas criminales se multiplican".)

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