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16. Angus vislumbra una verdad horrible Bear Betty recibió las rosas con indiferencia y las dejó a su lado en el sofá. Llevaba un vestido sencillo y ya se había quitado el maquillaje. Al entrar Angus, no se había puesto de pie, ni lo invitó a sentarse. Dijo: -Tengo más de una hora disponible antes de mi próximo número. ¿Salimos a dar una vuelta? -al notar la vacilación del detective, sonrió- Podemos salir por los fondos del local, sin que ella te vea. Angus dio un respingo. Intentó decir algo, pero la muchacha se llevó un dedo a los labios indicando silencio; entonces, él asintió gravemente. Recién al salir reparó en la jaula con los osos, en un rincón del camarín. Ya en la calle, Betty lo guió hasta su camioneta y se ubicó tras el volante; y una vez a su lado, Angus quiso hablar, pero nuevamente ella le exigió silencio con un gesto, y puso el motor en marcha; recién comenzó a hablar después de haber recorrido unos cientos de metros. -Dejémonos de rodeos, Angus -éste, al oír su nombre, tuvo un nuevo sobresalto-. Sabemos todo acerca de ustedes. Te había reconocido esta tarde en el cafetín; volví a reconocerte en tu mesa esta noche, a pesar del disfraz, por tus orejas en punta. También reparé en Lucy, tu mujer. Sé que quieres encontrar a la niña raptada, y sé que quisieras destruir a la banda. También sé que todo lo que pretendes es imposible. ¿Quieres que te diga algo más? -agregó con una sonrisa. Angus estaba anonadado. Abrió la boca varias veces, y la volvió a cerrar sin articular palabra. Betty arrimó la camioneta al cordón de una vereda, entre dos faroles espaciados para no hacerse demasiado visibles. -Ahora, el momento romántico-dijo-. Rodéame con tu brazo y atráeme hacia ti. Supongo que habrás reparado en los coches que nos seguían -Angus se sobresaltó por tercera vez; ni se le había ocurrido tal posibilidad. De todos modos, cumplió con nervioso placer las instrucciones de la chica, y ella recostó la cabeza en su hombro, aunque siguió hablando en el mismo tono práctico y conciso-. Uno de los coches era el de ese periodista Morris. He dejado el motor en marcha para interferir los micrófonos de largo alcance. Angus -añadió, en tono más tajante-, por tu bien, abandona la lucha. Me doy cuenta de que te gusto, y confieso que no te denuncié porque también me gustas. Espero que no me traiciones. Yo no pertenezco a la Banda, pero trabajo, profesionalmente, para sus clubes nocturnos; así, estoy enterada de muchas cosas que preferiría ignorar. La niña no fue raptada por la Banda del Ciempiés, ni porque hubiera manifestado su adhesión a Carmody Trailler; él rapto fue planificado mucho antes y se dio por azar en ese momento. La Banda del Ciempiés es apenas un pequeño apéndice de una Organización mucho más grande, todopoderosa... Supongo que sabrás quién era el enmascarado violado por el oso... El senador Ansthruthers. Y ni siquiera él conocía a alguien que conociera a alguien de la cúpula de la Organización. Se sabe todo acerca de ustedes, y podrían destruirlos en un instante si fueran peligrosos; por ahora, se ríen de Carmody Trailler y de su equipo. Angus sintió que todo su ser se sublevaba contra estas palabras, y recobró sus fuerzas; pensó que todo lo que decía Betty era una gran mentira, para asustarlo y descorazonarlo; que la Banda le había mandado representar ese papel porque temía a Carmody y a su notable equipo. -¿Dónde está la niña? -preguntó, con voz ronca. -A salvo, Angus -respondió Betty-. Me doy cuenta de que no me crees; te daré una prueba de mi veracidad, poniendo definitivamente mi vida en tus manos con una confesión: yo solté al oso que atacó al senador, para poder rescatar a Molly, pues la amo. Ahora ve, y publica eso; cuando se encuentre mi cadáver despedazado, comprenderás que no he mentido -y Betty se echó a llorar, manifestando por primera vez su exquisita fragilidad de mujer. Angus atrajo su cabeza con el brazo que la rodeaba y ella se abandonó a su apasionado beso, mientras la mente del detective luchaba por no desmenuzarse bajo el impacto de aquellas horribles revelaciones. |
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