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La maleza es un elemento constitutivo del paisaje
pobre, ese del que yo siempre hablé. Entonces toda la mirada se concentra
en ese elemento abstracto que es la "maleza", en lucha contra el "jardín".
Ése es si se quiere el elemento novelesco del libro: la maleza azarosa,
estrepitosa, desordenada, bárbara, inculta, cargada de contradicciones,
porque produce flores bellas y también aquello que daña cultivos ordenados,
se opone al tiesto donde emerge la flor cultivada. En el fondo se juega
una dinámica. La maleza está enamorada del jardín, sólo que hay elementos
que obstruyen cualquier comunicación. Es como un amor imposible, socialmente
imposible. Esto se da también en el idioma. El sujeto maleza avizora la
posibilidad de la belleza; sabe que está en alguna parte, pero no puede
acceder a ella. Entonces trata de elaborar su propia idea de belleza, pero
lo hace exactamente con lo que son sus contenidos desordenados, fatídicos
y restallantes. Propone también una belleza, pero muy diferente del -como
diría mi amigo Herrera- "palacio de las formas" de la belleza clásica, a
la que tiene que combatir, golpear y adorar. Algo propio del amor, donde
precisamente el objeto mayor del deseo, al no cumplirse, es execrado, pero
cuando más se lo execra más se lo ama. Ahí ya aparece el sujeto "descamisado",
como una especie de sustancia incorpórea del paisaje, como "maleza", que
es la muchedumbre: se la incendia y vuelve a aparecer en otro lugar. Las
vecinas incendiaban el potrero, pero la maleza volvía a aparecer. Es inextinguible.
Conlleva una especie de procreación que no se puede parar. Esa muchedumbre
no es que esté enamorada de su falta de forma; quiere su forma, lucha por
su forma. Como el esclavo de Hegel, piensa su forma pero no la puede completar.
Su aventura está en pensarla, en establecer de pronto algún escalón formal.
Es un poco el proyecto formal de la maleza: encontrar un punto en que esa
informidad logre anclar en algunos destellos de epifanía clásica. Argentina
vivió entre el '45 y los '90 una especie de vida dominada naturalmente por
las secuelas de aquel momento económico que propició el primer peronismo;
en los '90 eso se corta absolutamente: aparece la herida, esto que somos
ahora, y aparece como el recuerdo de lo que fue el sujeto histórico en algún
momento. Ya no lo tenemos; no forma parte de nuestra vida ciudadana el salir
a la calle sabiendo que si nos rompemos el alma vamos a poder avanzar económicamente,
de caminar por cualquier calle con total libertad porque no nos iba a pasar
nada. Todo ese mundo se extinguió, y lo que vemos ahora son las llagas,
la gran herida argentina. Y esa gran herida es desde donde habla ése que
tuvo un corazón "descamisado": abierto, transparente, generoso, dado a ser
junto con la idea de una comunidad. Estamos viviendo en una comunidad desintegrada,
fragmentada en mil segmentos, todos contradictorios, enemigos unos de otros,
donde alguna vez hubo una idea de comunidad.
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