Entonces una gran luz invade todo y se produce el cambio de escena, en una estrecha callejuela entre casas de piedra. La luz amarillo-amarronada ya nos da un indicio de que se trata de algo que ocurre en el pasado, en el muy pasado, cien años o más, y por eso todo está apergaminado y con un desenfoque de esmeril. Las vestimentas de la muchedumbre que transita por la callejuela debería permitirnos precisar más la época en que lo que vamos a ver transcurre y, en cierta manera es así, aunque la mayoría de los presentes son pobres y los pobres siempre se han vestido igual, con harapos. Que yo diga que es el año 1342 no significa nada, y no sólo porque, como bien acota el lector avispado, los años se suceden arbitrariamente y sin orden numérico en todo lo que escribo 1, sino porque, realmente, no significa nada, no se van a mencionar acá sucesos históricos de ese año ni los personajes van a exclamar "¡Vive Dios!", "¡A fe mía!" o "¡Pardiez!", o sí, pero irónicamente, como burlándome de todos aquellos que escriben novelas históricas y se dejan llevar por la mimesis del lenguaje y la seducción del enciclopedismo, ¡muy bien, señora novelista histórica! ¡La felicito! ¡Se nota que estudió e investigó! ¡No como el alumno Saurio, que se pasa por el quinto forro del culo la exactitud histórica y la verosimilitud de lo narrado! Y tampoco este exabrupto significa nada, es una de las tantas disgresiones que a esta altura del libro ya te habrás dado cuenta de que es una de las marcas de fábrica de esta novela, una característica fundamental para que los críticos de los suplementos culturales digan que ésta es una novela disgresiva, caótica y desordenada (sí, sí, es verdad), tanto que pareciera que Saurio no tuviera idea de cuál es su argumento (no, error, no es correcto, no "pareciera", efectivamente no tengo idea de su argumento, soy tan lector de ella como cualquiera, sólo tengo las pobres ventajas de leerla antes que nadie y de gozar del derecho de modificarla a mi antojo, agregándole incluso mentiras, como la que dice que no tengo idea de su argumento y que soy un lector como cualquiera, o como ésta, que niega que yo no tenga idea de su argumento, o como la reciente, que niega la negativa de mi desconocimiento, y así sucesivamente, hasta que el lector, el lector lector, el que lee porque le gusta y no porque debe entregar una crítica literaria a un suplemento cultural, se pregunte para qué carajo estoy leyendo este libro cuando hay muchos otros que avanzan fluidamente y ya, ante lo cual deberé detenerme y pedirle perdón, disculpame, uno es así, le gusta romper las pelotas y hacerse el payaso hasta que deja de ser gracioso y se convierte en insoportable, es terrible, no sé cuándo parar, después me pregunto por qué la gente me esquiva, me deja a un lado, me ignora excepto por algún compasivo que exclama ¡Pobre tipo! ¡Tan inteligente y, sin embargo, no sabe relacionarse con las personas! o, como una vez me dijo una compañera de trabajo, ¡Parece mentira, a veces sos adorable y a veces sos imbancable!, y sí, es verdad, pero, bueno, hago lo que puedo, perdón, perdón, tampoco es para tanto, si la gente se tomase un poco de tiempo, no juzgara a la gente a la primera impresión y se dedicara a conocerme un poco más vería que debajo del monstruo hay un ser dulce y sensible, que sufre con el rechazo de la sociedad, que lo margina por ser diferente y por ser tan hijo de puta de engañar a todo el mundo con el papel de víctima mientras por dentro se ríe, trompetea, hace pito catalán y grita ¡Giles! ¡No tienen que creer todo lo que un escritor dice es verdad! ¿Todavía no se avivaron, che? ¡Gente grande!)
Primerísimo primer plano de una cabeza que se pretende femenina pero es innegablemente masculina y una verga erecta sobre la cual no existe ambigüedad sobre su género, la cabeza andrógina abre sus labios e introduce el venoso miembro en su boca, lo succiona apasionadamente, exageradamente, lo anuda con una lengua brillante de saliva, los ojos de la cabeza se ponen en blanco, tremolan las pestañas postizas, la pija entra y sale de la boca, entra profundamente, hasta la garganta, hasta el pubis, incluso las pelotas entran en la boca, eso parece, es de noche, está oscuro, la violencia con la que el pene se mueve en la receptiva boca no permite distinguir detalles, sólo que hay una cabeza que simula ser de mujer aunque no lo es y un miembro que no pretende ser viril porque sí lo es, una boca que chupa y recibe, un insinuado vientre que se crispa, una nuez de adán que traga, un hilito de semen que cae de la comisura de los labios, una lengua que limpia un glande, unos ojos que miran insinuantemente sumisos, un puño que descajeta la mandíbula, un salpicón de sangre que vuela, un cuerpo con ropas de mujer que cae, las vías de un tren, una lata oxidada, una pierna que patea con furia, dos o tres pares de piernas que se agregan a la agresión, brazos que golpean, brazos que se agitan, una expresión doliente que pregunta por qué, la furia, la violencia, los golpes en el vientre, las patadas en los genitales, los cadenazos en la cabeza, la sangre volando de la boca, la sangre cayendo de la nariz, el vestido desgarrado, el ano desgarrado, la penetración en masa, el vómito en el pasto, la mierda que corre por las piernas depiladas, los ojos en compota, los ojos destruidos, los tajos en las tetas, la botella rota en el orto, el cuchillo que penetra, el cuchillo que degüella, el torrente rojo que se estrella contra la lente cubriendo todo.
A sólo unos metros del pie de la cama está la cámara, detrás de ella quizás haya alguien de quien sólo vemos ocasionalmente una mano o, mejor dicho, la insinuación de una mano, una deforme sombra tridimensional con forma de dedos, unos cilindros amarronados con un aura que abarca una rápida gama de naranjas que mueven y acomodan el implemento que nos permite ver al fondo y con una cierta deformación de gran angular a una adolescente vestida con una corta remera negra estampada con la tapa del primer disco de The Clash, una pollera escocesa también corta, mucho más corta, y botas negras que le llegan hasta la rodilla, no hay sonido y eso le da una dimensión aún más perversa a lo que vemos ya que la adolescente le dice cosas a quien quizás se encuentre detrás de cámara, quizás a quien se encuentre del otro lado del monitor, es decir, al espectador, a uno, o sea, porque ella se sabe filmada y todos sus movimientos son realizados pensando en el que mira, en el que la ve poner uno de sus pies sobre la cama revelando una pierna y un muslo que la adolescente acaricia antes de pasarse las manos por los largos cabellos rubios, mirar a cámara y morderse el labio inferior, con mirada sensual mueve su cabeza ondulando su cabellera y se acaricia el cuerpo, se reacomoda en la pose, con movimientos que uno podría suponer revelarían un deseo de ser modelo, lo que permitiría inferir que lo que vemos es una sesión fotográfica para el book de la adolescente, pero es sólo una suposición, una conjetura basada en la repetición de movimientos, en que nuevamente pone su pie en la cama y acomoda su pollerita para que revele lo más posible la pierna y el muslo que acaricia antes de pasar sus manos por los largos cabellos rubios, mirar a cámara y morderse el labio inferior, con mirada sensual moviendo su cabeza ondulando su cabellera y acariciándose el cuerpo antes de reacomodarse otra vez en la pose, el pie sobre la cama, la pierna bien torneada, la curva del muslo, los cabellos rubios, el labio, la mirada sensual, el levantarse la remera sólo hasta el nacimiento de los senos, el arquear del cuerpo, nuevamente se reacomoda y se ubica ya no de perfil sino de frente a la cámara, sube el pie a la cama, se acaricia la pierna pero no el muslo que permanece oculto bajo la pollerita, ella está seduciéndonos pero no quiere que veamos su cuerpo desnudo, para eso deberemos pagar, sólo quiere calentarnos, ponernos rijosos, cachondos, levantando su remerita sólo para que apenas se vean las curvas inferiores de sus tetas, para que se vea el piercing de su ombligo, ahora se arrodilla, pone sus manos sobre la cama y arquea felina su cuerpo, cuidando que su pollera se levante lo suficiente para que veamos el redondo y firme culo insinuado en sus poderosos muslos, ondula su espalda y se proyecta hacia la cama, retrocede hasta volver a quedar casi vertical, acomoda sus manos y nuevamente serpentea hacia el lecho levantando el culo que asoma por debajo de la pollerita, retrocede y avanza, retrocede y avanza, mira a cámara, los largos cabellos caen sobre su cara, se muerde el labio inferior y algunos mechones, tira la cabeza hacia atrás, retrocede, avanza, deja ver una buena porción de culo, retrocede, avanza, se toca y oculta sus tetas, mira a cámara, la cabellera sobre su cara, la mirada de ojos entrecerrados, la puntita de su lengua que recorre sus labios, lleva su cabeza hacia atrás y abre la boca en o, retrocede, avanza, ondula, se arquea, muestra el traste de perfil, acomoda la pollerita y se pone de pie, sube a la cama, se sienta en la cabecera de frente a la cámara, gira su cuerpo con las piernas abiertas, dejándonos ver o imaginar que vemos que debajo de la pollerita no hay nada más que su carne desnuda, lamentablemente estamos demasiado lejos y su movimiento es demasiado rápido como para comprobarlo fehacientemente, además nos distrae levantando su remera hasta casi insinuar los pezones, acariciándose la curvatura de tus tetas adolescentes se deja caer hacia adelante, sobre la cama, gatea hasta casi ponerse en primerísimo primer plano, mira a cámara, nos tira un besito y dice adiós con la mano.
Esfumados en la periferia del cuadro, colores distorsionados, voces con eco, ángulos expresionistas, todas las convenciones utilizadas para hacer denotar que lo que estamos viendo es un sueño, pese a que todos sepamos que no es así cómo se ven los sueños pero filmar algo que represente la verdad onírica es imposible, esa mirada dislocada disociada desenfocada en una multiplicidad de puntos de vista por momentos subjetivos por momentos objetivos no secuenciales que muestran ocultan lo que transcurre se narra se ve se percibe por ejemplo Basidio Rickettsia se sueña en una guardia de un hospital en una sala de rayos le duele un pie quizás se lo fracturó quizás tiene un esguince se oyen gritos afuera quilombo violentamente se abre la puerta entra un travesti de entrecasa un travesti no vestido como femme fatale no vestido como mujer común vestido como una vieja hippie como una cultora de lo new age como una gitana descolorida como una linyera entra élla rubia desmelenada le alcanza un papel como si fuese Basidio el médico pese a que es evidente que no lo es está sobre la camilla la plancha la máquina de rayos la pierna estirada evidentemente Basidio es el paciente pero élla el travesti de entrecasa entra como tromba le alcanza una papeleta una receta un un un un algo ¡Atendeme! ordena élla Basidio desconcierto no poder ¿eh? interviene médico echa al travesti confuso episodio Basidio saltando rengo por el pasillo el travesti tirado en el piso se ríe levanta una mano vendada ensangrentada dice Mirá que metiste la pata vos élla tiene las dos manos vendadas con gasas trapos en la sala de espera en la guardia linyeras duermen en sillas de ruedas olor acre de suciedad de añejo tiempo hay una chica en un rincón en el pasillo el travesti de entrecasa grita cantando canta gritando ¡El puto está loca! ¡El puto está loca! ¡El puto está loca! hay policías fuertemente armados en la guardia gritos llantos aullidos una mujer exclama ¡Asesinos! ¡Mi hijito! ¡17 años! ¡Me lo mataron! ¡Mi hijo! ¡17 años! ¡Muerto! ¡Muerto! la chica en el rincón también llora a mares llora desesperada la muerte de su noviecito ¡17 años! ¡Muerto! un hombre se acerca a consolarla un policía comenta qué idiota el tipo ese no se da cuenta que la villera esa lo va a afanar hace que llora le va a sacar la billetera ¡El puto está loca! ¡El puto está loca! ¡El puto está loca! ¡Muerto! ¡Mi hijo! aullidos llantos desgarrados desgarradores el policía comenta claro ahora llora pero crió un chorro el hijo se la buscó en un confuso episodio dos delincuentes fueron ultimados por las fuerzas policiales ¿quién será el otro? ¿por qué no hay quién lo llore? ¿era confuso el episodio? ¿o era clarísimo?, los pibes chorean a un gil un negocio un restaurante una estación de servicio un cana grita ¡alto! los pibes sacan sus armas se arma un tiroteo llegan más canas los pibes mueren el travesti salta por el pasillo la chica llora la madre llora Basidio salta por el pasillo el esguince claro está ¡El puto está loca! ¡El puto está loca! otro travesti también de entrecasa pero más elegante campera de cuero pantalones ajustados habla con uno de los médicos seguramente es el que trajo al otro al que está loca y baila con su pollera hace campanita rueda rueda la pollerita rueda rueda sin cesar parece un derviche está loca el puto está loca tiene una mano vendada está sucio es una vieja loca que alimenta gatos es una joven linyera que anota recetas bajo la lluvia lloran por el villero muerto las mujeres de su vida él se lo buscó eso le pasa por salir a afanar por salir calzado Basidio nota que el travesti que está loca está descalzo tiene los pies negros de mugre como los del croto que duerme en la silla de ruedas un hilo de baba que cae de la pastosa boca desdentada el acre olor a roña a orines a mierda acumuladas durante un lapso impreciso por lo prolongado otro croto come galletitas de agua con una parsimonia que da asco más que masticar las chupa hasta que se le disuelven en la boca chupa las galletitas con lascivia pone la boca en u y succiona succiona juega con su lengua y succiona hasta que el chorro de semen estalla en su cara el pecho del chorro estalla al recibir la enorme bala que sale de la gigantesca erecta humeante carabina del policía un arma de grueso calibre un confuso episodio se peleó con otra por una esquina la otra agarró una botella rota le cortó la mano no no sé cómo se llamaba la otra es nueva es una puta barata sí es traba también la muy puta huyó la dejó desangrándose no se engangrenará mi hermana ¿no? gracias doctor ¡lo dejaron morir, médicos hijos de puta! ¡es un villero y no lo atienden! ¡asesinos! ¡mi hijito! ¡muerto! ¡qué se joda! ¡el puto está loca! las manos le sangran el pie le duele a Basidio a los saltos intenta volver salir toma envión recibe el balazo en el pecho y despierta.
Entonces una gran luz invade todo y se produce el cambio de escena, en una estrecha callejuela entre casas de piedra. La luz amarillo-amarronada ya nos da un indicio de que se trata de algo que ocurre en el pasado, en el año 1342, y por eso todo está apergaminado y con un desenfoque de esmeril. Un misterioso personaje, alto y de frágil contextura física, vestido con una raída túnica que alguna vez fue negra y con una capucha que cubre su cabeza, atraviesa la callejuela estrecha, esquivando la muchedumbre de mendigos, ciegos, paralíticos, artistas callejeros, barberos trashumantes, gitanas tarotistas, milagreros, profetas, pilluelos, pícaros, trapisondistas y rapaces. Hay algo en su persona que nos despierta la sospecha de que, en realidad, no es quién pretende ser y hasta adivinamos un origen noble o burgués por sus manos, de uñas cuidadas y piel tersa, que normalmente carga voluminosos anillos que han dejado surcos alrededor de sus dedos, evidentemente no se trata de la mano de alguien trabajador pese a que sus ropas quieran indicar un origen humilde. La caminata sigue por unos minutos hasta que este individuo ingresa a una taberna, oscura y malamente ventilada, con personajes realmente siniestros, rostros cruzados por enormes cicatrices, ojos vacíos, narices partidas, orejas mutiladas, la escoria de la escoria, parias incluso para los parias que anteriormente habíamos visto, la mayoría está borracha y buscaría pelea si no fuera porque Carafuncho, el gigantón hijo del tabernero, vigila con un invicto garrote en sus manazas. El encapuchado se dirige al rincón más oscuro y apartado de la taberna, donde un individuo envuelto en una capa y tocado con un enorme sombrero aludo lo espera.
1 El lector avispado agrega que esta particularidad se debe a que estoy dando la pista de que los Ellos que Zacarías acusaba de querer entremezclar los hilos del Tiempo en "El vacío del bostezo" lograron su cometido. Puede ser. Pero también podría ser, como señala el lector analítico, que se deba a que yo estoy queriendo decir que la numeración de los años es absolutamente arbitraria y cultural, es más, que representa una muestra más de la opresión que ejercen las clases dominantes sobre la gran masa del pueblo al imponerles sistemas cronológicos que, además de caprichosos, traen implícita la concepción del paso del Tiempo como algo lineal, cuando es bien sabido que para la mentalidad folklórica el paso del Tiempo es circular y se rige por las estaciones. Bien, no soy quién para desestimar esa lectura, al fin y al cabo uno deja de ser dueño de lo que escribe ni bien lo deja de escribir. Creo que la respuesta al por qué suelo poner al voleo los números de los años es un poco más simple y similar a la que le dio el Papa Macedonio XI al Cardenal Piccino cuando, en su lecho de muerte, el Pontífice solicitaba que le trajesen una mujer de grandes senos: "Per che me piace". |
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