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Sobre trenes
Que los ciegos voluntarios
se nieguen a seguir siéndolo.
Que aprendan a escribir un poema en libertad
sobre el tercer o séptimo vagón de un tren.
Que conduzcan el vagón hasta la estación
de Pergamino.
Que armen una fiesta
y estén todos invitados.
Que la gente lea el poema y
cuando amanezca,
se eleven en el aire,
y vuelen
iluminados
hasta la esquina del boulevard.
Que los vendajes desaparezcan para
siempre. |