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Después de la pelea Miro el mar por la ventana. La sal envuelta en el aire se recuesta sobre mi piel y la reseca. El ruido de las olas meciéndose, se filtra en mi memoria y de tanto en tanto las aguas me acarician, como plumas cuando se funden con la arena translucida de la playa. Reparo en las gaviotas que borbotean chillidos y planean sobre tu cuerpo. Me entretengo en sus hazañas. Fugitivas se enredan en tus cara y te picotean hasta arrancarte las entrañas por los hoyos de tus ojos.
Y entonces suena el portero. Y atiendo, te abro. Y las ventanas de mis ojos devuelven otra vez la Avenida Rivadavia. A propósito, ya no te odio. |
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