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infancia ahora que no somos niños podemos fumar a la hora de la siesta. la belladona atornilla a la cama, adormece la mitad del cuerpo. te mentí, mamá, te mentí como a una sirvienta paraguaya: robamos de tu monedero y fuimos con mi hermano a un hotel, comimos ostras, nos oxidamos los dientes con los sexos, apostamos en juegos de azar, perdimos todo. después de todo los golpes sirvieron, y seguimos tu ejemplo: nunca declinamos las peores invitaciones y nos convertiremos con el tiempo en pequeñas máquinas listas para el consumo y la procreación.
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