infancia

ahora que no somos niños

podemos fumar a la hora de la siesta.

la belladona atornilla a la cama,

adormece la mitad del cuerpo.

te mentí, mamá,

te mentí como a una sirvienta paraguaya:

robamos de tu monedero

y fuimos con mi hermano a un hotel,

comimos ostras,

nos oxidamos los dientes con los sexos,

apostamos en juegos de azar,

perdimos todo.

después de todo los golpes sirvieron,

y seguimos tu ejemplo:

nunca declinamos las peores invitaciones

y nos convertiremos con el tiempo

en pequeñas máquinas

listas para el consumo y la procreación.

Anterior Sumario Sumario al sumario del número 4 Siguiente