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Nombro o me invento en peligrosos artefactos. Soy un hombre de pensamientos y dudas, dudas que se transfiguran en pertenecientes pensamientos relativos. Que soy un hombre que cree en lo que siempre recuerda. |
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Luz del sol que ha sido quemada se ha tornado blanca sobre la absorción de la noche acechando por puro interés la amorfa y predecible costumbre de soledad y de castigo de vergüenza y desolación de razón y de extraños quehaceres inconclusos en la única teología liderada de lo monótono del dogmatismo y del absurdo de la creación insoslayable de pecados que sostienen mis llamas secas en lo vano de mi propio pensamiento pobre en el momento de esconderse bajo una cama de aguas dulces amores puertos entre unos cercos burros rotos en una tundra vasta cuando se me han acabado las papas cuando ya no tengo uvas ni ubres que son aquellas brisas obsidianas que flotan cortando el aire y la sombra de la luna ya no es la ola alta sino la sombra que subrepticia yace por los pies de unas plantas purpúreas y en el instante sueño. No hay noche sino largo día en que me escondo a descansar mi muerte a repasar los densos óseos que me nutren indias ultrajadas de un falso tiempo antagónico de bellezas exhumadas retozando cabales tropos en que leo detenido y me reconozco sevicia cuando los cuerpos son conquistados por las manos de Artevicio potencia palabra placer solaz jurásica y cuaternaria niña veloz de las aves que caminan de mi propio recuerdo esperpento virgen de infinitud después de la propia muerte el grito del Sol como un procaz apareamiento en lo que figuro ser yo que engendra a las aguas que desesperan cada vez que la luna está derramada de negro que se torna rojo cuando las aguas brotan de las mitades duelen cuando el oro ya no es oro y las madres ya no son las que cubren y cueva del instinto alcoholizado o religión de mis espectros peatones. Hasta el río que pasa parco con las aves en la quietud del propio vuelo cuando ya no hay pez sino la invasión del sueño bruto en la danza quieta del cortejo y de la pausa provocada por una lluvia amarilla en las hojas apoderadas de las casas ciegas para no dejar de caer en La expulsión al Paraíso sujetándose todos al unísono del tronco que hoy es la memoria corrompida al instante en que sujeta de la mano del hombre están navegando los últimos campos de trigo y de cipreses desolados senderos impropios de los días sobre el fuego de las zarzas que sujetan los abismos de ocho pueblos dibujados por las arcas de Noelia el amigo incierto navegando en un vestido negro retoño que aun entre cenizas estoy ya por asentarme sobre el madero. Y si alguna ruta montañosa recuerdo es porque aquella ha sido diferente siempre para mí partida que despierta está tan esclava escuchando los gemidos agua taciturna vertida en la tierra purulenta esta tierra donde el rey retratando a una Mona Lisa está empedrando en la adoración de los pastores la fe que es la única que me empuja desde mis sórdidos rencores Masaccio dime si mi vida es un castigo dónde está la flor que representa Adán Eva díganme dónde están para acordarme de mi vida de una voz acusando una plena pesadilla a cubrir la impotencia que me convierte en hombre el que ya está bebiéndose sus manos atadas para no traicionar al salvador vestido por la uva fermentada en los enjambres reyes. En este rayar el alba todo parece estar claro en su salvaje complejidad la tórrida figura que esgrime a toda la sed regada en la mente baldía de gozo y plenitud aquel que será desde las rocas arpas la maravilla en un contexto antiguo a fuerza de ver contra la forma el poder de las palabras figuras que disueltas brotan densas nuevamente de la carne hasta el alma del que se mira en su propio contorno y fe dubitable de placeres que aunque humanos irreemplazables remanentes de crepitaciones divinas a la espera de su ansiada canonización la flor que es expuesta en finura furtiva sobre una danza eterna la excelsa suavidad en la travesura la mitología que será el arma dócil del penitente henchido al abrirse por siempre en una mirada al ave de la gloria. Al esconder cualquier entrada para los catorce ojos desnudos bajando una escalera tan turbia que hasta está la luz que parece el fuego escapado de un volcán en hipnosis aparcado y díptico el que asume ser para cada escalón la misma imagen bella la naturaleza que está perdiendo el sueño en Lima que ha vuelto otra vez a Holofernes desposeído de género y número el acto de romper las libertades el camino que es la propia vuelta en la mente y que será el propio paso al llamado de deidad de la eternidad en la búsqueda de filosofía y de razón primate mazmorra la amante vestida de plomo fusión construida en manantial y a golpes de saxofón la sangre que es obra pírrica roncha y el pecho que es ya bandera de la mente. Y encontrarla para sí misma como una macilenta cría cuando las velas se encubran en sus abstrusos pozos y las flores sean lunas ya perennes de miradas húmedas cuando mi pan se está quebrando en mis pisadas ahora que me queda solamente la cáscara verdosa de mis vidas ablandadas por la invasión del viento de Edgar Degas la escena el heno suspendido en un suave y largo viento recogido desde una lágrima hasta el beso más denso de la herida vaginal y gravedad otra vez opio de mis brazos caídos para adentro acto seco del morir en las candelas selvas blondas cuando el hijo rescatado tomará la vida en el puñal del propio hermano Sordo y Ciego como autorretrato de 1945 y en la que jamás saqué al exterior un ropaje de cansada. Caídas hacia el mar de las poses impedidas en los colores prohibidos esos que sostienen nuestras ropas camas y casas en nombre de mi Dios la que empinada hallará las flores bellas botellas del malecón Menes en una tarde alcanzada en un poema cacofónico inocencia que es pintura del ilustrador del llano aquel que no ve el color sino que corre en la única pisada al extinguir la sigilosa forma avalanchas ahora que ya está quieta en su paso lerdo aquel que escondo solamente en el corazón de mi desecho el gesto que se corre a los ojos de mi espectador para mirarme solo en el pliegue de mi rostro y en las sangres que va dejando como los hijos de la luz matada en el antes de bajarse a las estrellas. Expuesta de la mano quieta el arcabuz soltado del muerto levantado para la ingente ofrenda la del pueblo y de sus hijos sujetados por mis manos al cayado que dejo por un instante enterrándome en las tierras que conocen mis hermosas criaturas liberadas de mi yugo cuando experimento una revelación hasta la memoria señalando las auroras pasadas al cortejo fúnebre que es la propia casa que sujeta y arrastra al infértil camposanto de la muerte tristeza donde el niño es viejo la canción que es descrita en majestad del que sólo observa para tocarse en plenitud cuando ya se acabe y el anciano historia de la batalla en signo frágil en la antigua palabra guía el manumisor de hombres. La endecha manera de hacerse abstruso está cubierta en mis dos manos izquierdas que regocijan mi perturbado aliento contaminando el sendero correcto tierno además de judío loco y genio del poeta muerto en los campos de las maravillas que atravesarán por siempre el Todo la destrucción más pura la manera de ser miserable y a la vez serse a campo abierto el principio que está quebrado como la línea gorda en un ingente cuerpo la acción más suave en el mundo ancho y ajeno al pobre aquel que esculpido de la calma y la iluminación se figurará un hombre solo que ha brotado desde lejos a las manos invisibles del naciente hijo espasmo cáncer y el remedio será por siempre el mismo desacierto el sanador del Cielo. Chorrillos, 11 de Marzo de 2006. |
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