Mi padre enfermo de sueños en el asfalto incandescente de cien mil mediodías caminados bajo el sol en vertical perdió sus pies y apoyado en sus rodillas sigue buscando el camino de vuelta a casa. Mi padre sueña, rendido por el cansancio, que vuelve a su tierra y planta sus piernas y le crecen pies jóvenes y la savia de su tierra negra le alivia el dolor de las arrugas y resucita sus cabellos muertos. Luego despierta en un piso alquilado a la ciudad de los huracanes de la miseria y blasfema y maldice y no tiene amigos.
Escondido en la noche papá llora por las certezas que lo defraudaron. Del otro lado de su piel mamá llora por mamá mamá llora por su casa que ya no habita y por paz y reposo y risa.
Papá y mamá lloran cada uno a espaldas del otro en la cama en el más crudo estruendoso hermoso silencio que modula en frecuencias infrahumanas sonidos que se articulan como palabras: "si aquí no estan mis sueños cómo puedo dormir aquí". Y que sólo yo escucho con la cabeza enterrada en la almohada.
Concebida de la nostalgia nací con lágrimas en el sexo con tierra en los ojos con sangre en la cabeza. No soy lo que soñaron como tampoco lo son sus vidas. |
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