Tengo un asesino en mi brazo izquierdo

producto de la más alta tecnología.

Si no fuera por él

mi cuerpo sería una fábrica de engendros satánicos

mi querido psicótico.

No tienes ni una pequeña idea del peligro que corres

tú, hombre,

al internarte en mí.

Eso que tú expulsas

casi como a un desecho

es basura reciclable en mi cuerpo.

Puedo construir muñecos

a tu imagen y semejanza.

Dios me ha dado ese poder

yo lo he disimulado con mi frágil apariencia.

Bastaría con que despidiera a mi asesino a sueldo

para tenerte a mi merced

atacado por un ejército de soldaditos de plomo a mi servicio.

¿O acaso dudas de mis dotes como bailarina?

Anterior
Sumario al sumario del número 4 Miriam Reyes