I
"Un homosexual quiere entrarII
Tener misa todos los jueves
fue la principal causa
de mi ateismo.
III
En el comedor
el cura Daniel vigilaba,
mantenía la disciplina,
si te mandabas una cagada
él te llamaba,
te ponía su pesada mano
de vasco en la mejilla
y con la otra
te surtía una buena cantidad de cachetazos
mientras el resto de los chicos cantaban:
¡Cumpleaños feliz!
¡Cumpleaños feliz!
IV
Si no fuera por
las enseñanzas de la calle y
las malas compañías
jamás habríamos sabido
cuál era el gran mérito de la Virgen.
V
En la Dirección
las monjas tenían un angelito
de porcelana,
si le ponías una moneda
te hacía una reverencia.
La fe mueve montañas;
el dinero, muñecos.
VI
¿Por qué era yo el único
que durante la Guerra de Malvinas
veía paradójico
que un cura
franciscano
orase
pidiéndole a Dios
que inspirara
a los cañones
patrios?
¿Por qué nadie se sorprendía
cuando el cura opinaba
que cada veinte años
debería haber una guerra
para que los jóvenes
dieran buen cauce
al ardor adolescente
de la
sangre?
¿Por qué?
VII
Nunca nadie lo vio hacerlo,
pero teníamos más fe
en el rumor que el cura Román
todas las noches tiraba gatos
desde el campanario de la iglesia
que en lo que nos enseñaban
él y otros curas
en la clase de Religión.
VIII
Al cura Eustaquio siempre le pedíamos
que nos contara la parábola del Buen Samaritano,
no porque nos interesase su lección moral
sino porque se posesionaba al narrarla,
galopaba mientras nos contaba que este buen hombre
"se acercaba en su borriquito
tucutún tucutún tucutún"
y los largos mechones engominados
que usaba para taparse la pelada
se le despegaban
y se le sacudían
tiesos
en el costado incorrecto
de la cabeza.
IX
En el secundario
la única materia
que me llevé
fue Religión.
Se debió
a una formalidad
administrativa,
en la primera mitad del año
tuvimos a un cura que no nos puso notas
en la segunda mitad del año
tuvimos a un cura que sí nos puso notas,
era imposible que los promedios diesen bien,
toda la división tuvo que rendir examen
para tapar este error burocrático,
no fue mi responsabilidad
el haberme ido a marzo.
Pero no me importa,
y siempre digo con orgullo que
en el secundario
la única materia
que me llevé
fue Religión.
X
Cuando quise darme cuenta
ya había tomado la comunión.
Claro, cuando quise darme cuenta
fue un año y medio después.
Una constante en mi vida,
darme cuenta
demasiado tarde.
XI
En cuarto año
un gordo que no era cura
nos daba Religión,
quería congraciarse con nosotros,
no quería ser "un profesor sino un amigo",
nos llevaba fuera del aula
a un bosquecito que el colegio tenía,
dejaba que quien quisiera fumase.
Como a mí no se me daba el vicio,
de puro cabrero reivindicativo
me declaraba rebelde,
reclamaba sentirme discriminado,
me sacaba la camisa,
me ponía la corbata como vincha
y me trepaba a un ombú.
Él nunca fue mi amigo
y yo no lo dejé ser mi profesor.
XII
Tanto nos contaban
sobre los leprosos
que Jesús y San Francisco,
andaban besando y curando por ahí
que cuando me agarró la psoriasis
yo pensé que tenía lepra.
¡Terrible perspectiva para un chico de catorce años!
¡Pajearte y quedarte con el zodape en la mano!
XIII
Debo reconocerlo:
los curas nunca
abusaron sexualmente
de nosotros.
El abuso psicológico
era una ocupación de tiempo completo
y no podían distraerse
con minucias.
XIV
La única enseñanza religiosa
que aún creo a pie juntillas,
un verdadero Dogma de Fe,
la dijo un tórrido mediodía
el cura Eustaquio
(el mechón ya fuera de sitio):
"Si en el colectivo ven a alguien
leyendo la Biblia
o es Protestante
o es Ateo".