Esperando
en el Hospital Fernández
a que me hagan una ecografía del riñón,
uno de los tantos análisis que debo sufrir
para no encontrar una explicación a mis cólicos,
escucho no escucho quiero no quiero escuchar
a esas dos mujeres que a mi lado conversan
infatigablemente, sin pausas pero con rodeos,
es enervante, hablan y hablan y hablan,
yo las escucho no las escucho
quisiera leer pero no me dejan
quisiera irme pero no me llaman,
las mujeres hablan y hablan y hablan,
cambian de tema nunca redondean
todo el tiempo cambian de tema,
ahora una cuenta que cuida
cuarenta gatitos en River,
cuarenta gatitos que cuida en el club,
los mima, los ama,
con cariño los depila,
los despioja con dulzura,
con ternura los castra,
para protegerlos, dice,
del maltrato de los socios
y de los coreanos
que se los quieren comer.
Y yo no puedo menos que escuchar
y quedarme pensando,
quisiera gritarle
"¡Cuarenta pobres bestias peludas
tuvieron que sufrir tu crueldad
para que calmes tu soledad
y tu racismo,
vieja loca, ilógica!"
pero no digo nada,
sigo leyendo no leyendo
escribo no escribo
mascullando diversas rabias
angustiando angustias existenciales
en un cuaderno de tapas negras
mientras espero en ayunas
para hacerme un análisis innecesario
en el día de mi cumpleaños.
Everybody knows the kind of day that is.