| |
|
Recuerdos de provincia La casa abandonada está llena de cajones con botellas vacías de Canada Dry y telarañas y polvo de ladrillo de las canchas de tenis del club Gazcón. Nos metemos a investigarla, para eso están las casas abandonadas, para que los chicos las exploren y las ratas se refugien, es el 76 y todo agujero es un agujero de bala para nosotros, jóvenes detectives arqueólogos ovnitólogos hay un misterio en esta casa y debemos develarlo, un fantasma quizás o una gioconda con tres ojos (a ésta la encontré después en otra casa abandonada en medio de un sueño) o, simplemente, las pruebas de un asesinato sin resolver.
En una pared está lo que buscamos, un azulejo decorado con rocoquientas filigranas y una leyenda que despierta mi interés: ¡Si el joven supiese...! ¡Si el viejo pudiese...! Aquí hay un mensaje en clave, algo que yo debía descifrar, un desafío para el infalible poder deductivo del Agente Secreto Okapi (me faltaban unos meses para ser definitivamente Saurio). ¡Si el joven supiese...! ¡Si el viejo pudiese...! repito una y otra vez, tratando de conjurar su sentido oculto, de invocar las voces fantasmales que esconde y que creo oír muy muy a lo lejos.
A los demás chicos enseguida les interesa un carajo el metafísico azulejo, para ellos de pronto se ha vuelto mucho más divertido tirar las botellas de Canada Dry al techo de chapas, romper los vidrios de colores de las ventanas, tocarle el culo a las chicas, jugar a la sardina.
Después tuvimos que irnos, alguien vino a retarnos o simplemente nos aburrimos de estar entre la roña, la casa abandonada fue demolida y el club hizo parrillas y un quincho en el terreno pero el misterio aún queda rondando el lugar, como una presencia culposa que interroga a socios y no socios: ¿Cuándo en la historia de este país se tomó tanto Canada Dry como para llenar varios cajones?
|
|
|
|
![]() |