Recuerdos de provincia

La casa abandonada

está llena de cajones

con botellas vacías

de Canada Dry

y telarañas

y polvo de ladrillo

de las canchas de tenis

del club Gazcón.

Nos metemos a investigarla,

para eso están las casas abandonadas,

para que los chicos las exploren

y las ratas se refugien,

es el 76 y todo agujero

es un agujero de bala

para nosotros,

jóvenes detectives

arqueólogos

ovnitólogos

hay un misterio en esta casa

y debemos develarlo,

un fantasma quizás

o una gioconda con tres ojos

(a ésta la encontré después

en otra casa abandonada

en medio de un sueño)

o, simplemente,

las pruebas de un asesinato

sin resolver.

En una pared está lo que buscamos,

un azulejo decorado con rocoquientas filigranas

y una leyenda que despierta mi interés:

¡Si el joven supiese...!

¡Si el viejo pudiese...!

Aquí hay un mensaje en clave,

algo que yo debía descifrar,

un desafío para el infalible poder deductivo

del Agente Secreto Okapi

(me faltaban unos meses para ser definitivamente Saurio).

¡Si el joven supiese...!

¡Si el viejo pudiese...!

repito una y otra vez,

tratando de conjurar su sentido oculto,

de invocar las voces fantasmales que esconde

y que creo oír muy muy a lo lejos.

A los demás chicos enseguida

les interesa un carajo

el metafísico azulejo,

para ellos de pronto

se ha vuelto

mucho más divertido

tirar las botellas de Canada Dry

al techo de chapas,

romper los vidrios de colores

de las ventanas,

tocarle el culo a las chicas,

jugar a la sardina.

Después tuvimos que irnos,

alguien vino a retarnos

o simplemente nos aburrimos

de estar entre la roña,

la casa abandonada fue demolida

y el club hizo parrillas y un quincho

en el terreno

pero el misterio aún queda

rondando el lugar,

como una presencia culposa

que interroga a socios y no socios:

¿Cuándo

en la historia de este país

se tomó tanto Canada Dry

como para llenar varios cajones?

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