¡Maldito seas, Ray!

No fue muy buena idea

ponerse a leer en el recreo

"Remedio para melancólicos",

a cada rato alguien me interrumpe

preguntándome

si estoy triste,

si me siento bien,

si se murió mi abuelito.

No me lleva mucho tiempo darme cuenta

que piensan que se trata de un libro de autoayuda.

Y de nada sirven mis explicaciones,

que sólo son cuentos de ciencia ficción

lo que hay tras las tapas azules

con el angelito llorón

de la quinta edición

(febrero de 1974)

de Minotauro,

comienza a correr la bola por el colegio

de que estoy melancólico,

que ando llorando por los rincones,

aullándole a la luna

y escribiendo poemas

de amor.

¡Maldito seas, Ray!

¡Teniendo el libro cuentos mejores, como

"El maravilloso traje de helado color crema",

"La peluca", "El pueblo donde no baja nadie"

o "Eran morenos y de ojos dorados"

justo se te ocurre usar el título

de esa tonta e insulsa

historia de amor!

Una semana después llevé

"Las maquinarias de la alegría".

Todos respiramos aliviados.

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