La pregunta por la técnica

Una paloma vuela algo agitada,

se posa de apuro en el asfalto de Thames

y es apachurrada frente a mis ojos por un taxi

mientras espero que abra el semáforo.

Me shoquea bastante el hecho,

y no por cursilerías del tipo

"¡Ay, la palomita, la palomita,

pobrecita la palomita!"

porque a mí, la verdad,

las palomas me parecen unos animales repulsivos,

bichos inmundos, infectos, repelentes,

no son precisamente el objeto de mi compasión

ni de mi empatía,

mi conmoción viene

porque no puedo evitar

comenzar a pensar

en las nuevas experiencias de muerte

que la tecnología ha instalado en el mundo,

no dejo de ponerme en la mente

(pequeña, por cierto)

de ese repelente pajarraco que

de repente estaba,

de repente no,

en este valle de lágrimas,

trato de imaginar

cuál fue su percepción,

qué sintió en esa fracción de segundo

en que dejó de ser un animal emplumado

y se convirtió en un desparramo de tripas

sobre la calle.

¿Se puede sentir dolor

o pánico

o lo que sea

cuando no te quedan

ni cuerpo

ni cabeza

para experimentarlos?

No lo sé,

sólo sé que parece una muerte horrible

terminar con todos tus huesos rotos

y tus órganos internos

aplastados en el pavimento

y preguntándote

"¿Eh?

¿Qué pasó?

¿Dónde estoy?"

En realidad,

ahora que lo pienso,

son las mismas preguntas

que uno se hace en vida,

lo único que cambia es

que quizás estás

un poquito más

incómodo y disperso

que de costumbre.

Ah y que cagar es bastante más difícil

cuando tu intestino quedó pegado en la rueda

de un taxi que a esta altura del poema

ya debe de haber llegado a Warnes.

Anterior al sumario del número 4 Sumario poesia Siguiente