| |
|
La pregunta por la técnica Una paloma vuela algo agitada, se posa de apuro en el asfalto de Thames y es apachurrada frente a mis ojos por un taxi mientras espero que abra el semáforo.
Me shoquea bastante el hecho, y no por cursilerías del tipo "¡Ay, la palomita, la palomita, pobrecita la palomita!" porque a mí, la verdad, las palomas me parecen unos animales repulsivos, bichos inmundos, infectos, repelentes, no son precisamente el objeto de mi compasión ni de mi empatía, mi conmoción viene porque no puedo evitar comenzar a pensar en las nuevas experiencias de muerte que la tecnología ha instalado en el mundo, no dejo de ponerme en la mente (pequeña, por cierto) de ese repelente pajarraco que de repente estaba, de repente no, en este valle de lágrimas, trato de imaginar cuál fue su percepción, qué sintió en esa fracción de segundo en que dejó de ser un animal emplumado y se convirtió en un desparramo de tripas sobre la calle. ¿Se puede sentir dolor o pánico o lo que sea cuando no te quedan ni cuerpo ni cabeza para experimentarlos? No lo sé, sólo sé que parece una muerte horrible terminar con todos tus huesos rotos y tus órganos internos aplastados en el pavimento y preguntándote "¿Eh? ¿Qué pasó? ¿Dónde estoy?"
En realidad, ahora que lo pienso, son las mismas preguntas que uno se hace en vida, lo único que cambia es que quizás estás un poquito más incómodo y disperso que de costumbre.
Ah y que cagar es bastante más difícil cuando tu intestino quedó pegado en la rueda de un taxi que a esta altura del poema ya debe de haber llegado a Warnes.
|
|
![]() |
|
|
![]() |