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¡Esto es vida! Hace rato que no me cruzo con un vegetariano así que no sé si seguirán diciéndolo o no, es bastante probable que sí, porque lo que todos los fanatismos tienen en común es que suelen cambiar muy poco sus discursos, así que supongamos que aún es posible escuchar a un vegetariano acérrimo increpar a alguien que no comparte sus hábitos alimenticios con un "¿No te da asco comer cadáveres?", sin pensar que las verduras también son seres vivos y, por lo tanto, están comiendo tanto cadáver como su interlocutor. Claro, es mucho más potente la imagen de horror cuando pensamos que el bife de chorizo que está ante nuestros ojos hace poco andaba mugiendo por las pampas chatas y agrestes (mucho más horrible si el bife es de ternera, ¡pobre vaquita bebé!), pero también la lechuga y el rabanito andaban hasta hace muy poco fotosintetizando y haciendo todas las cosas que las plantas hacen, que no son muchas, ya lo sé, pero que sean aburridas no justifica tampoco el comerlas sin culpa, sin pensar que también las matamos para seguir viviendo. Porque de eso se trata todo, de moléculas espiraladas de carbono comiéndose a otras moléculas espiraladas de carbono que, a su vez, se comen a otras moléculas espiraladas de carbono que, a su vez, se comen a otras moléculas espiraladas de carbono y así sucesivamente, en esa cíclica y eterna masacre llamada vida.
Sí, la naturaleza es sabia, pero también es una hija de puta.
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