Yahvéh las tenía entre ceja y ceja,
insistía, porfiaba, vociferaba que
Sodoma y Gomorra
eran el Eje del Mal,
no se puede seguir haciendo la vista gorda
a las iniquidades que allí se cometen,
es un escándalo, es inconcebible
que esto quede impune.

Sólo necesitaba una excusa,
una pequeñísima excusa,
un detonante que le permitiera
descargar tranquilamente su ira
y que su imagen pública
resultara beneficiada
por ello.

Pero el tiempo pasaba,
las encuestas no lo estaban favoreciendo,
"mucho blablá, compañero"
exclamaba la gente,
"basta de vueltas, hay que pasar a la acción"
cantaban los coros de ángeles,
"si yo estuviera a cargo la historia sería otra"
fanfarroneaba Satán,
así que la solución fue clara:
si la excusa no venía a Yahvéh
entonces Yahvéh iría a la excusa.

Era un plan simple:
enviar dos ángeles encubiertos
a encontrarse con Lot, su agente en Sodoma.
Y los sodomitas mordieron el anzuelo:
eran lindos guachos los ángeles,
unos chongos irresistibles,
estaban para darle masita
y masita le iban a dar.
¡Resultaría el gang-bang más grande de la Historia!
¡Emocionaría a toda la comunidad gay!
¡Culos nuevos iban a tener que comprarse
después de que los conociera la población!

Tocan a la puerta,
plantean sus propósitos,
Lot se horroriza un montón,
no puede permitir que se haga tal maldad:
la hospitalidad es sagrada en Medio Oriente,
violaría este fundamental precepto
si dejara a sus distinguidos huéspedes
en poder de la rijosa turba,
no, señor, no, no, no.

"Tengo dos hijas adolescentes,
vírgenes, buenas gomas, unos culos de aquellos,
bocatto di cardinale,
háganme el favor,
gárchenselas a ellas
y déjenme en paz a las visitas".

La propuesta era tentadora,
las chicas en verdad estaban buenas
y algunos lo pensaron dos veces,
pero la turba no aceptó sustitutos:
estaban allí para culearse unos ángeles
y unos ángeles se iban a culear.

Yahvéh se alegró,
¡por fin tenía un motivo!,
se armó la gorda,
atacó con todo su arsenal de destrucción masiva,
no importó si habían cincuenta, cuarenta y cinco, cuarenta,
treinta, veinte o diez hombres justos,
ni el loro quedó en Sodoma,
el humo subía de la tierra como sube el humo de un horno
y el olor a azufre ardiendo era infernal.

(Gomorra también fue arrasada,
aunque no hubo un motivo aparente,
fue el primer daño colateral
conocido en Medio Oriente.)

Días más tarde,
en la cueva donde se esconden con su padre
(la madre ya es una triste estatua de sal)
las hijas de Lot toman conciencia de la situación,
se enfrentan con la cruda verdad:
"Ya no queda varón en la tierra
que nos la ponga como se debe,
vamos a terminar solteronas
o tortilleras
o adictas al dedo
y al consolador.
¡Que Levi Strauss nos perdone,
curtámonos a papá!"

(Génesis 19)

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