| "¡Ay, Diosito, Diosito,
por favor, por favor te lo pido,
dejame vencer a los amonitas
y te prometo que el primer ser vivo
que se me cruce en el camino
cuando llegue a casa
te lo ofrezco
en sacrificio".
Bien, trato hecho.
La batalla se gana,
el triunfo es nuestro,
y el primer ser vivo
que Jefté ve a su regreso
es su única hija.
"¡Mierda!
¡Esto me pasa
por ser tan ambiguo
en mis promesas!"
Pero lo prometido es deuda
y Yahvéh un acreedor implacable,
así que Jefté ofrece a su hija en holocausto
con la secreta esperanza
de que la historia se repita
y a último momento
aparezca un ángel del Señor
con el indulto en la mano.
Otra prueba más de su ingenuidad:
Isaac era varón
y ella sólo una hembra,
poca cosa,
no vale la pena,
siquiera,
tomarse el trabajo de
recordar
su nombre.
(Jueces 11, 30-40) |