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Varios Autores - Mañanas en sombras. Para la mayoría de la gente, la ciencia ficción es un género menor, con cohetitos, marcianos verdoos, doctores Spocks y muchos muchos muchos efectos especiales. No los culpo, Hollywood se ha encargado muy bien de fomentar este prejuicio, y si bien la ciencia ficción norteamericana escrita ha hecho bastante esfuerzo para sacarse de encima las percepciones erróneas, lo cierto es que entre su origen de "literatura de revistas" (al contrario de, por ejemplo, la ciencia ficción europea y, especialmente, la soviética, mucho más libresca y no tan separada de la literatura "seria") y la maquinaria de la industria editorial yanqui se hace muy difícil separar la ciencia ficción "de calidad" de los productos "descartables" (como las más de 500 novelizaciones de la serie Star Trek). En nuestro país (Argentina, para más datos) la situación está en un híbrido entre la tradición europea y la norteamericana, con la ventaja/desventaja de ser un género ignorado por el establishment literario (salvo algún que otro ataque en el que se pone de moda y entonces todos los suplementos culturales se enfebrecen por ponerse en onda con la ciencia ficción). Y digo "ventaja/desventaja" porque, si bien ser ignorado no es algo deseable y óptimo, también permitió que el género desarrollase una identidad propia. Lo mismo vale para el resto de Latinoamérica y España, con las variaciones propias de cada sociedad, por lo que puede decirse que la ciencia ficción en castellano no sólo es muchísimo más que una "versión en otro idioma" de lo que se produce en EE.UU. sino que es una corriente autónoma y bien consolidada.
La antología que motiva este comentario, Mañanas en sombras, es una excelente muestra de cómo ocho autores (cinco argentinos, dos españoles y un cubano) desarrollan uno de los tópicos de la ciencia ficción: la anti-utopía, "una forma literaria que apunta a imaginar futuros desastrosos, negros, apocalípticos, siniestros", al decir de Sergio Gaut vel Hartman (compilador y prologuista, además de ser uno de los que más hace por la ciencia ficción en castellano), quien continúa "No suele ser agradable leer este tipo de ficciones pero, sin duda es la manera más comprometida y aguda de conjeturar sobre el futuro".
Los ocho cuentos son de una calidad impecable y nombrar alguno en perjuicio de otros sería una injusticia, así que los menciono a todos: Timbuctú de Carlos Gardini nos cuenta una sórdida historia de asesinatos, drogas y decadencia, con la maestría que lo caracteriza; Disneylandia de Alejandro Alonso (un autor que se las trae) nos habla de cosas que podrían estar sucediendo mañana en este enloquecido mundo que se ha embarcado en guerras fundamentalistas; Hermano Cósmico de Juan Pablo Noroña nos muestra lo infernal que puede ser el paraíso; Indiferencia de Eduardo Vaquerizo nos deja cualquier cosa menos indiferente a los horrores de la guerra; Rating Cero de Fabio Ferreras es una irónica anécdota en un mundo post-apocalíptico; Masas de Alfredo Álamo habla justamente de eso, de las grandes concentraciones urbanas y de los métodos que utiliza el Poder para solucionar el problema; El tipo que vio el caballo de Fernando de Giovanni es una curiosa narración sobre el recuerdo de mejores épocas en un futuro bastante miserable y Sin Nombre de Eduardo Carletti cierra el libro con otra sórdida y violenta historia, en un mundo en el que la supervivencia depende de la calidad de los bio-implantes que uno tiene en su cuerpo.
En síntesis, un excelente muestrario de lo último que se está haciendo en el género en España y Latinoamérica y que todo buen lector de mente abierta debería tener en su biblioteca.

 

 

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