Si tan sólo uno pudiera simular la inteligencia,
si pudiera escupir aquí una parrafada de oquedades altisonantes, un
catálogo de academicismos o antiacademicismos que parezcan profundos,
una ristra de justificaciones estéticas, poéticas, éticas, patéticas,
algo que sirva como excusa para la existencia de esta revista, aunque
más no sea un porque que le sirva de ancla al lector en su zozobra,
que lo libere de la dura tarea de pensar, ocupación miserable y muy
mal remunerada dicho sea de paso y con el eruto a flor de labios, pero
no, uno no puede encontrar motivo más profundo que el capricho personal
de hacer nuevamente una revista y no más que eso, hacer una revista
porque sí, porque se nos canta las bolas, porque sopla el viento norte,
porque el universo es demasiado grande y uno acá está medio al pedo,
sin por ello caer obviamente en una alaquetecriastez forzada o en un
tribalismo paraentendidos, que uno ya no es inocente y todo lo que hace
es o a propósito o un vicio irreversible y no es cuestión de pretender
andar espantando burgueses que no sólo están curados de espanto sino
que les interesa un carajo lo que uno podría llegar a hacer o decir,
o lo que cualquier artista podría llegar a hacer o decir, ni tampoco
es cuestión de andar así como así haciéndose el puro e inmaculado, que
los prejuicios abundan y a mucha honra, uno aborrece y aborrece con
toda la furia y por lo tanto esta incertidumbre de principios declarados
ya es una declaración de principios, una exclamación en contra de los
que aseguran tener principios, razones y certezas, de los dogmas explícitos
e implícitos, de las soberbias intelectuales, de los capillismos, del
trenzaje, de las recíprocas sobadas de lomo, de los que creen haber
encontrado la vera forma de lo literario, y entonces quizás aquí hay
un porque, quizás no, quizás simplemente sea algo que surge a raíz de
ponerse a pensar en uno mismo ante la acción revisteril, incluso hasta
podría ser una falsa autocreencia, un convencimiento de algo que no
existe, quién sabe, la única certeza real es que hacer revistas es una
de las pocas cosas que sabe hacer más o menos decentemente y que le
causan placer, entonces, por qué no, ¿cierto?, que tener ganas de meterse
en algo que no dé guita hoy día estará mal visto pero no es poca cosa,
sabe.
Saurio - Abril de 2000
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